ARMANI CAFFE


Texto de Pablo Antschel / Fotos de Marcel Antelo

Uno de los puntos más elegantes de Europa a principios del siglo XX parece haber sido el bar del hotel Pera Palace, una casa de hospedaje destinada a los pasajeros de la antigua línea Orient Express. Ese bar, que todavía funciona, es uno de los recintos obligados de la ciudad de Estambul. Pero si el viajante no se detiene y sigue atravesando el distrito de las tiendas de moda, llegará al Armani Caffe, sitio neurálgico al que se debe ingresar a las seis de la tarde (no antes, no después) para tomar un gin tonic y después partir. Digo gin tonic porque les sale bastante bien. Llamen, si quieren, y pidan la receta tal cual. El teléfono es (02122) 444-7770.

Hay en la ciudad de Milán una calle que se llama Via Manzoni. Es una calle muy hermosa, no tanto por las fachadas de las casas y la gente que transita la zona, sino por el nombre que lleva. Fue nombrada en honor a uno de los grandes escritores de la literatura italiana, Alessandro Manzoni, muerto en 1873, el autor de una novela que deberíamos leer permanentemente: Los novios. En el número 31 de esa calle, entonces, edificaron la lujosa tienda Armani, un complejo de seis mil metros cuadrados que alberga un delicioso restaurant llamado Nobu, con espacio para 90 cubiertos. La cocina ha respetado la impronta del chef japonés Nobuyuki Matsuhisa, que planeó la carta de todos los restaurantes Nov del mundo. Esta se caracteriza por haber incorporado detalles culinarios de sus viajes por el Perú y la Argentina con el estilo predominante de su cocina, que es New Style Japanese. Uno no se puede ir del restaurant sin haber probado la merluza negra caramelizada ni los filetes de rana con caviar.

El Armani Caffe de Buenos Aires intenta con éxito mantenerse en sintonía con estas sucursales mundiales. Desde su apertura sobre el final del pasado año, quisieron darle ese estilo cosmopolita -gran consumo, todo muy bien- contratando a Pablo Massey, que proporcionó su propio New Style Argentinian a las preparaciones del Caffe hasta mediados de este año. Hoy la cocina está a cargo de Darío Gualtieri y la cosa ha mantenido la sofisticación. La ambientación, despojada y elegante, es ideal para relajarse un mediodía ajetreado. Pensando exclusivamente en los mediodías, el joven chef tuvo el acierto de incluir sándwiches en la carta: hay una buena baguette con ratatouille y queso camembert caprino, panes italianos (como la piadina romagnola de vegetales grillados y tapenade) y franceses (pan de brioche de salmón ahumado y crema ácida). Conforman una opción liviana para saciar las necesidades del buen gusto antes de volver a las obligaciones cotidianas, y sirven también como entrada. También para cortar la tarde existe un menú ejecutivo ($25) acompañado itinerantemente por diversas etiquetas de bodegas argentinas. Pero en cómo está pensada la carta, tanto en las entradas como en los principales, se adivina el carácter personal y las intenciones artístico-gastronómicas de quienes manejan el restaurant: un tradicional gazpacho, una parisina quiche de langostinos y un singular carpaccio de atún rojo con granite de cítricos. Entre los principales, una atención a la pesca del día y a las verduras de temporada sirven de marco para algunas audacias en el detalle, como la manteca de clorofila que acompaña el risotto de langostinos. Los platos nocturnos se pueden evaluar en un menú degustación en cinco pasos (cuatro platos y un postre) acompañados por cinco vinos de la bodega Rutini. Los horarios del Caffe están más bien adaptados al público extranjero: cenar tarde solo es posible de miércoles a viernes, el resto de los días permanece abierto hasta las 20. Pero la pregunta que surge a esta altura es otra e inquietante: ¿Y si en Estambul un periodista estuviera confeccionando un artículo sobre su Armani Caffe y citara al argentino? ¿Sería parecido? Los dejo con esa inquietud. Gracias.

SI QUERES CONOCER ALGUNAS RECETAS Y DETALLES DE LO QUE SIRVEN EN EL CAFFE, BUSCALAS EN LA SECCION MESAS RESERVADAS DEL NUMERO DE NOVIEMBRE DE EL PLANETA URBANO.