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Texto: Lucrecia Alvarez / Fotos: Antelo
Recalde
El arte de conservar la excelencia
en cada detalle es lo más cercano
a la perfección. En gastronomía
ese arte se traduce, primero, en la
exquisitez de la cocina, y luego -con
el mismo nivel de importancia- a la
decoración, a la comodidad
y a la eficiencia. En las Terrazas
del Design, Primafila hace gala de
todas estas cualidades trabajando
en ese sentido desde su apertura.
A partir del instante en que se pone
un pie en este ristorante italiano
con influencia mediterránea,
se ingresa en un ambiente en el que
el tiempo adquiere una acepción
diferente. La calidez de los colores
y las texturas, sumados a la música
perceptible pero moderada, colaboran
en la construcción de un ambiente
tan agradable como cualquiera de los
platos que aquí se sirven.
La gran experiencia de los creadores
de este espacio se palpa en cada detalle,
se percibe desde la primera sonrisa
que nos brindan durante la recepción,
en la comodidad del sillón
para la transición -que alguien
preparó para que todo se oriente
a lograr tanto relax como si estuviera
en su propia casa, pero con la sofisticación
propia del barrio-. La nobleza de
los materiales utilizados en la ambientación
evidencian el marcado interés
por respetar la idiosincrasia del
lugar.
El cliente de Recoleta sabe que últimamente
la zona había dejado de conciliar
con su gusto. Los lugares más
exclusivos se trasladaron a barrios
como Las Cañitas o Palermo
Hollywood, mientras la calle Junín
se vio colmada por otros de comidas
rápidas y menúes fijos.
Primafila llega para devolverle a
Recoleta el encanto que la caracterizó.
Surge pujante como una contrapropuesta
de estilo para un público que
valora la comodidad sofisticada además
de la modernidad.
Es un gran espacio poblado de pequeños
espacios interiores. Aquí conviven
en perfecta armonía todos los
climas. El cliente se encontrará
con un sector de carácter más
formal para un almuerzo o cena de
negocios, con lugares íntimos
para una velada romántica o
con un espacio más abierto
para las salidas más relajadas.
El ristorante está sectorizado
desde la ambientación. La parte
de la galería posee una importante
vista al cielo y al verde de la plaza
lindante, lo cual ya es un detalle
digno de destacar que contrasta con
los cerradísimos restaurantes
de shopping. El sector central -o
Vagón- está más
elevado y se compone de dos hileras
de boxes rodeadas por un panel de
vidrio que lo separa de la galería
y de la ventana donde se ubican los
objetos de decoración, que
por su importancia bien merecerían
una nota aparte. En el espacio más
amplio del salón, las mesas
con mantel componen un estilo más
sobrio dirigido a un público
mayoritariamente formal. Hacia el
fondo hay un enorme vitraux que cobija
los tres boxes, ideales para pequeñas
reuniones. En el medio del salón
hay una hilera de boxes, en los que
la intimidad está dada por
estéticos paneles de vidrio
iluminados. La sectorización
hace que sea un lugar ideal para reuniones
sociales en las que se puede llevar
una conversación agradable
con total privacidad.
La cocina es italiana con influencia
mediterránea y algunos toques
personales del chef Leandro Varela.
Los platos son todos artesanales,
en la cocina (a la vista) se amasan
las pastas y se preparan los postres
y la pasticchería. El chef
asegura que la importancia de la propia
elaboración está dada
por la posibilidad de darle un toque
característico a cada plato.
Varela tiene una amplia experiencia
en gastronomía, sus delicias
se sirvieron en destinos tan disímiles
como Sudáfrica, Acapulco y
Nueva York. Con esa heterogeneidad
se armó la carta. Además
trata de que cada plato tenga una
detalle que lo distinga. “Más
allá de la descripción
del menú, las pastas siempre
tienen algún toque de magia.
Sin ser muy rebuscados, son más
bien sutilezas, pero perfectamente
perceptibles”.
Afirma que cada ingrediente es fundamental:
“El +fettuccine alla nostra+
es como un casamiento. La salsa nostra,
que tiene tomates secos, espinaca
fresca y una reducción de vino
Chardonnay, queda muy bien con esta
pasta, es una unión única.
La mayoría de los postres están
acompañados por helado, algo
necesario para generar la armonía.
El strudel de peras y ricota, por
ejemplo, necesita algo que vaya cortando
el sabor para que sea más rico,
para que se saboree mejor”.
Con la misma dedicación se
trabajó en cada detalle, como
dice el chef: “Para que se saboree
mejor”. Bienvenidos.
Todos los días a partir de
las 12.00
Avenida Pueyrredón 2501 - Terrazas
del Design.
Reservas al 4804-0055
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