A los ojos de un espectador desinteresado
no hay nada interesante en un poblado
que agrupa unas cuantas casas, se llama
La Mechita (como si fuera hermana menor
de la ciudad de Mercedes) y es lindante
con Bragado. Pero en la obra de Juan
Doffo -un artista plástico que
resalta como un “original”
en la escena local- ese modesto pueblo
de la pampa húmeda cobra dimensiones
casi cósmicas. Doffo abandonó
el pueblo a los 23 años para
ingresar en la Escuela Nacional de Artes
Visuales Prilidiano Pueyrredón.
Abocado al arte tanto desde la pintura
como desde la fotografía (empezó
sacando fotos para documentar los espacios
que elegía pintar), su obra abunda
en referencias psicológicas,
filosóficas y musicales. “Lo
que hago en pintura tiene que ver con
lugares de mi pueblo tomados como un
espacio uterino al que suelo proteger.
A veces también juego con polaridades:
las cosas que te hacen feliz por un
lado -como la pareja, el trabajo, etcétera-
y las cosas que amás pero que
se destruyen. Por eso a veces hay cielos
e infiernos, o ubico lo macro dentro
de lo micro”. Amante de los grandes
espacios, se caracteriza por situar
su mirada en los paisajes de un modo
que él mismo define como cósmico.
Esto sin duda tiene que ver con la vasta
extensión de La Pampa (espacio
sin límite, en lengua quechua)
cuyos horizontes infinitos sirven no
solo como inspiración, sino como
explicación de sus recurrentes
trabajos en grandes formatos. Si bien
es difícil ubicar a Juan Doffo
dentro de un estilo concreto, en sus
obras aparecen distintos lenguajes:
abstractos, figurativos, más
gestuales, más hiperrealistas,
más o menos geométricos,
pero en definitiva predominan las ideas.
Una de ellas se relaciona con la construcción
de lo real, simbolizada en la utilización
recurrente de los ladrillos como metáforas:
“En mi pueblo hay una larga tradición
ferroviaria y, por ende, siempre hubo
hornos de ladrillos. Los ladrillos me
llaman mucho la atención porque
fueron la primera herramienta cultural
del hombre, que comenzó a construir
sus casas con ladrillos apenas dejadas
las cuevas, dando origen a la cultura.
Me gusta esto de que la vida es una
construcción cultural: yo puedo
ver un pájaro y creo que es un
monstruo que me está por matar,
o sea que la mente construye las cosas...
¡no sé si las cosas existen!
Estoy seguro que un minuto antes de
morir nos va a parecer que todo esto
fue un gran invento”. Actualmente
cambió su rumbo en la pintura.
Si bien la luz fue siempre un factor
importante, el efecto de los negativos
capta ahora su atención. Este
legado de su actividad como fotógrafo
lo envolvió en inmensas puestas
cinematográficas realizadas a
la caída del sol, al amanecer
o en plena noche cerrada. Sus esfuerzos
de los últimos 5 años
estuvieron concentrados en la intención
de montar una exhibición fotográfica
-prevista para el año que viene-
cuyo tema central es el fuego. La bautizó
Extraña sustancia. “En
mi pueblo no hay casas con plantas muy
altas y eso me llevó a darme
cuenta de que lo más alto que
teníamos eran las fogatas: un
horizonte chato... el fuego y el humo.
Simplemente eso me pareció mágico”.
WEB:
www.artealdia.com/r79/doffo.htm
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