Fundado en 1984 por Heriberto Zorrilla,
el esencialismo es un movimiento artístico
pictórico, aunque abierto a otras
manifestaciones. Inspirado por su maestro,
Samuel Tencer, Zorrilla concibió
al esencialismo como el resultado de
sucesivas reflexiones sobre su propio
proceso creador. El movimiento fue nombrado
por su intención estética:
persigue representar los elementos esenciales
de la pintura. Para explicar mejor las
esencias que pretende poner en lienzos,
el fundador se remite al filósofo
francés Henri-Louis Bergson.
Por su concepción de la filosofía,
Bergson fue clasificado como vitalista,
pero en lo que nos concierne, cabe decir
que llegó a distinguir dos formas
de conocimiento: el racional, desde
afuera del objeto, y el intuitivo, que
opera desde adentro de las cosas. Cuando
el artista pinta se sitúa en
el punto esencial y el conocimiento
intuitivo le permite captar la esencia
del objeto. Una esencia que es, siempre
según el filósofo francés,
la existencia dinámica, latente
y continuada que nos hace sentir vivos.
Así, esta concepción pretende
vivificar el arte como manifestación
del sentimiento común.
El artista esencialista no parte
de proyectos previos. Piensa el cuadro
como un devenir en el centro del que
se sitúa a sí mismo
para hacer y sentir la obra como una
expresión de su interioridad.
Pero lo explican mejor estos artistas
tal como lo dejaron escrito en el
quinto punto de su manifiesto número
dos: “el artista con su obra
trasciende el hecho físico
con el que materializa la misma”.
Es por esto que las obras resultantes
del proceso son, no tanto cuadros,
sino experiencias. Helena Distéfano,
miembro fundacional de la corriente
plástica, sostiene que “el
punto de partida de nuestras experiencias
se basa en la provocación de
estímulos, de manera que el
hacer se constituya en un proceso
de retroalimentación. En esta
dirección renunciamos, para
ser fieles a nuestros conceptos, a
la existencia de patrones previos,
a las copias de otras obras, modelos
y estereotipos, y a todo aquello que
condicione de antemano las posibilidades
de creación. Tampoco se trata
de pintar ideas, sino de hallar una
forma expresiva del sentimiento”.
Desde su presentación en sociedad,
el 17 de diciembre de 1986 en el Centro
Cultural Gral. San Martín,
el grupo de artistas ha exhibido sus
obras en Mendoza, Buenos Aires, Valparaíso,
Madrid y Nueva York.
Los esencialistas mantienen una clara
posición de batalla ante la
política cultural que domina
el sistema de muestras y galerías.
Afirman que se excluyen las manifestaciones
estéticas centradas en la calidad
y privilegian a aquellas que son mórbidamente
novedosas y espectaculares. Reclaman
una mayor diversidad y señalan
la necesidad de un auténtico
pluralismo en el que todos los medios
artísticos sean tenidos por
válidos. También arremeten
contra el dogma del fundamentalismo
tecnológico; según ellos
el arte es la salvaguardia del espíritu
humano: “No negamos la posibilidad
de una tarea creativa en la que el
instrumento pueda ser una máquina,
pero rechazamos la posibilidad creciente
de ser aplastados por ella”.
Lo que persiguen, a fin de cuentas,
es ubicarse de otra manera frente
a la pintura. Esa actitud, si bien
admite la búsqueda de un equilibrio
entre razón e intuición,
da prioridad a la libertad y al deseo
del artista. Lo esencial, entonces,
es visible a los ojos.
Agradecimiento: Galería De
Santi
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