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Texto de Arq. Mariana Funes
En los últimos 18 meses se
inauguraron en la ciudad de Buenos
Aires cuatro nuevos museos. Estos
edificios, además de aportar
un valor cultural incalculable, se
destacan por su cuidado estilo arquitectónico.
Acá van algunos dignos ejemplos.
MALBA (Museo de Arte Latinoamericano
de Buenos Aires)
Colección Eduardo Costantini
Este es el primer edificio que se
levanta con la intención específica
de destinarlo a museo luego del concurso
mundial en el marco de la Bienal BA/97.
El recinto está organizado
en torno de un gran vestíbulo
que conecta las salas de exposición
mediante circulaciones verticales.
Los diferentes ambientes se presentan
como una especie de "cajas puras"
-sin distracciones- que ofician de
marco neutro para las distintas exhibiciones.
De esta forma las muestras pueden
ser compartimentadas para ubicar colecciones
temporarias.
Desde el exterior se perciben grandes
prismas revestidos de piedra caliza
que se yuxtaponen con los planos vidriados,
formando un conjunto de contrastes
entre transparencia / liviano y macizo
/ pesado.
El MALBA alberga una colección
permanente de arte latinoamericano
del siglo XX que comienza con el despertar
de las vanguardias y llega hasta las
más diversas manifestaciones
contemporáneas.
Marq, el museo de los arquitectos
Un atípico museo que quedó
incorporado al circuito cultural Recoleta.
Ubicado en la vieja torre de agua
de la terminal ferroviaria de Retiro
construida en 1915. Este lugar supo
ocultar dentro de su arquitectura
ladrillera de 4 fachadas casi idénticas,
el acceso al tanque elevado. Sus 300m2
cubiertos -con 1500 de terreno libre-
fueron recuperados por la Sociedad
Central de Arquitectos para albergar
un museo destinado a difundir proyectos,
promover el conocimiento de nuestro
patrimonio histórico y generar
paneles de investigación y
exhibición.
Fundación Nicolás
García Uriburu:
Museo de Arte Precolombino y Arte
Popular Americano
Este edificio -un paralelepípedo
de tres niveles de altura- guarda
un sugerente clima de introversión,
al que contribuye la luz que se tamiza
cenitalmente o a través de
la traslúcida puerta de acceso.
Su concisa escala de 268 m2 resulta
apropiada para el pasaje sobre el
que se alza la fachada: un plano blanco
casi abstracto cuya única abertura
está flanqueada por dos esculturas
que representan cabezas de puma o
jaguar, casi anticipando el fascinante
despliegue artístico de su
interior.
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