Texto de Verónica Casetta
Su nombre es Robin Banks, pero todos
lo llaman según su seudónimo,
Banksy. Acosado por la prensa y la
policía, su misión parece
ser despertar a las masas del hipnótico
sistema. Descree de la justicia, el
arte y el capitalismo. Y así
lo deja sentado en cada uno de sus
graffitis.
Londres alberga a muchos millones
de personas, pero a diferencia de
nuestro Buenos Aires querido, es una
ciudad impoluta. Parques que se disfrazan
de prolijas sábanas verdes;
elegantes y parejas casitas; veredas
que parecen veredas y no basurales,
y que al andarlas uno tiene la sensación,
de tan limpio, que en algún
momento alguien va a gritar “¡corten,
siguiente escena por favor!”.
Un día cualquiera, sentada
en un pub del este de Londres, un
graffiti plasmado en el paredón
de la vereda de enfrente me llamó
la atención. Ahí estaba,
absolutamente fuera de lugar y de
contexto: era la basurita en el ojo
de una sociedad aparentemente perfecta.
El dibujo mostraba a un mono sosteniendo
un cartel que decía “ríete
ahora pero un día estarás
a cargo”.
Banksy es un artista de 27 años,
nacido en Bristol, Inglaterra. Armado
con un pasamontañas, plantillas
de cartón y unos tubos de pintura
en aerosol merodea durante la noche
por las calles londinenses, esquivando
la vigilancia de las cámaras
de circuito cerrado, en busca de la
pared adecuada para sellar su mensaje.
Banksy elige minuciosamente el contenido
y la ubicación de cada uno
de sus graffitis. Sus señas
de identidad son claras, figuras simples
pero contundentes; por lo general
usa solo el negro, y sus mensajes
son agresivos, un tanto anárquicos
y cargados de un cínico sentido
del humor. A diferencia de la mayoría
de sus colegas, cuyos discursos suelen
caer en un “mírenme”,
Banksy propone “miren a su alrededor”.
A pesar de haber organizado muestras
poco ortodoxas (en las que indefectiblemente
se vende todo la misma noche de la
apertura), Banksy no se ha dejado
seducir por la escena artística
contemporánea: se resiste a
mostrar su trabajo en galerías
de arte; “atraen a todo tipo
de gente equivocada, gente demasiado
analítica que no tiene suficiente
sexo en la vida”, dijo en relación
a estas galerías. De este calibre
son todos sus comentarios; “una
pared es una de las cosas más
peligrosas con las que podés
pegarle a alguien”, también
fue otra de sus opiniones.
Para Banksy, pintar en las calles
es la manera más honesta de
ser un artista; no cuesta dinero,
no se necesita un posgrado para entenderlo,
no se cobra entrada y representa la
voz de los que no tienen llegada...
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