|
Antes de emprender el clásico
viaje a Europa para completar su formación,
Kemble asistió al taller de
Raúl Russo. Entre 1951 y 1954
se radicó en París como
becario del gobierno francés,
alternando largas sesiones de jazz
con clases en los talleres de André
Lhote, la Academia Ranson, la
Gran Chaumeiere y el atelier del escultor
Ossip Zadkine.
De 1956 datan sus primeros collages
hechos con materiales de desecho domésticos
como trapos viejos, papeles, cortezas
de árboles y otros materiales
"innobles" que, además
de oponer texturas en un juego puramente
plástico, sacudieron la pereza
experimental instalada en el ámbito
artístico porteño a
mediados de los años '50. A
partir de 1958, el formato de las
obras se agranda e incorpora materiales
industriales -chapas oxidadas y trozos
de madera, entre otros-, elementos
que aluden a los materiales de las
villas misera que florecían
por entonces en los suburbios de las
grandes ciudades. Estos trabajos constituyen
la serie llamada Paisajes Suburbanos.
En la primera exposición del
Movimiento
Informalista, en julio de 1959,
Kemble presentó una serie de
telas en las que indagaba el potencial
expresivo que encierran los medios
plásticos cuando se los somete
a una austera economía de recursos.
"Limitarse es variar" será
una de sus máximas a la hora
de enfrentarse a la tela y uno de
los dogmas que pretendió transmitir
a sus alumnos en sus clases de pintura
en el taller de Martínez. Resultado
de este principio son los signos negros
trazados sobre fondo blanco, en los
que se advierten la sugerencias de
la caligrafía japonesa y la
contundencia de la pintura de Robert
Motherwell, a quien Kemble dedicó
una serie de homenajes. De 1959 y
1960 datan sus primeros trabajos con
telas blancas enyesadas. Sin embargo,
paralelamente, continúa experimentando
con obras más convencionales.
En 1960 incorpora otros elementos
que acentúan el relieve como
clavos, alambre tejido, correas de
goma dentadas y vidrios.
La experiencia grupal de Arte
Destructivo realizada en la Galería
Lirolay en 1961, proponía "destruir
con sentido, con la marca indeleble
del humor". Con un carácter
netamente experimental, se instaló
en Buenos Aires como el puntapié
inicial de un serie de prácticas
extrapictóricas -el happening
entre otras- que se sucedieron durante
la década del ´60. Kemble
fue el ideólogo de este "escándalo",
del que participaron Jorge López
Anaya, Antonio Seguí, Luis
Wells, Enrique Barilari, Silvia Torras
(en ese entonces esposa de Kemble)
y el fotógrafo Jorge Roiger.
Entre 1962 y 1979, Kemble ocupó
la cátedra de pintura en la
Escuela Superior de Bellas Artes "Ernesto
de la Cárcova". Por entonces
trabajaba en una serie de pinturas
basada en la máxima oposición
de los elementos visuales, combinando
zonas de tratamiento gestual con rigurosos
planos geométricos. Participó
con estas obras en el envío
argentino a la VII
Bienal Internacional de San Pablo,
en 1963. Los conceptos de oposición,
ruptura y fragmentación serán
una constante en su producción
pictórica a partir de este
momento.
Hacia 1966, su estado de permanente
ebullición mental, lo llevó
a realizar, junto a Emilio Renart,
Enrique Barilari y Víctor Grippo,
la muestra "Investigaciones sobre
los procesos de la creación".
En esa ocasión, mediante un
análisis exhaustivo, se presentó
al público todo el proceso
creativo del artista con la profesa
intención de desasacralizarlo.
En el catálogo de la exposición
los artistas afirmaban que "todo
ser humano está dotado de cualidades
semejantes, la diferencia estriba
en el grado de desarrollo de los medios
expresivos".
A través de exposiciones como
"El
Gato" (1963) ; "Pintura
Espejismo" (1963); su aporte
en "El árbol de los juegos"
(1968) y sus "Tres contribuciones
para un autorretrato" (1970),
Kemble señaló algunas
de la primeras tendencias hacia un
arte conceptual en nuestro medio.
A pesar de considerar que no eran
suficientes, Kemble recibió
importantes distinciones. Entre ellas
el Primer Premio Salón Municipal
"Manuel Belgrano" (1972);
el Gran Premio de Honor del Salón
Nacional (1992); el Premio Eco Art,
Río de Janeiro (1992); el Premio
Fondo Nacional de las Artes a la trayectoria
profesional (1995); la Beca de la
Fundación Pollock-Krasner,
Nueva York (1997). Hasta unos meses
antes de morir, el 30 de abril de
1998, su taller de Martínez
fue uno de los más concurridos,
valiéndole el Premio AICA a
la mejor labor docente en 1983.
|