| por Teo & Amparo Díscoli
Pasaron cinco años desde que este artista de larga trayectoria, formado esencialmente en el taller de pintura de Pablo Suárez entre 1980 y 1984, se ausentó de nuestro país. Luego de numerosas e importantes muestras individuales y colectivas, realizadas tanto en la Argentina como en el exterior, regresó de Barcelona para presentarnos su nueva muestra, Paraíso . Un retorno para decir, si no algo nuevo, algo que persiste.
En la galería Dabbah Torrejón se exponen diferentes “tipos” de obras, y sin embargo en su conjunto todas nos hablan de una misma cosa, o al menos de su constante, y la de muchos.
Los retazos de remeras recortadas, recombinadas y pinchadas sobre la tela, crean significados que desenmascaran la vulgaridad inherente a los supuestos más “chic” de la sociedad. En los dibujos sus personajes no son para nada complacientes con el espectador. Aunque irónicos, aquellos monstruos incompletos pero autosuficientes y autoabastecidos, nos implican más de lo que nos gustaría.
También hay frases. Marrone escribe mientras pinta, y pinta mientras escribe. Sus escritos terminan de completar una imagen decadente pero, y esto es lo molesto, más frecuente en nuestra cotidianidad de lo que nos gustaría. Y lo trágico es que estos personajes no piden salir de ese estado.
En medio de todo esto, en la pared principal de la sala irrumpe un grito que sin querer, o queriendo (no se lo hemos preguntado al artista pero es bastante obvio), deja de burlarse de nosotros y de él mismo. Es la única obra que por ponernos casi en el abismo del horror y de lo sublime, nos purga. La única que no perpetuará y que nadie podrá llevarse de la muestra. Pintada sobre la pared, será cubierta de pintura blanca, blanquísima, una y otra vez, hasta que no queden rastros.
PARA CONCOER MAS ACERCA DEL PARAISO DE MARRONE, BUSCA YA EL PLANETA URBANO DE AGOSTO. |