Gonzalo Papantonakis: Música para mirar


La música y la pintura aparecen en una primera instancia del pensamiento como opuestos. En música, la temporalidad está desnuda: el desarrollo de un concepto o de una melodía se encarnan en el tiempo, una corchea en un pentagrama (otorgando un valor determinado a la velocidad del ritmo y la duración de las negras) dura una determinada cantidad mesurable de segundos. En un cuadro, el tiempo aparece elidido: lo que vemos está congelado y parece, en cierta manera, haber estado ahí desde siempre. En un nivel algo más hondo, sin embargo, las correspondencias entre las dos artes se hacen más explícitas. La música también se puede ver.

Recomponer esa grieta entre las disciplinas artísticas es el intento de la obra de Gonzalo Papantonakis, un joven pintor argentino que este fin de mes participará de una resonante exposición neoyorquina denominada Media Music Expo. En medio de esta muestra que persigue (con el auspicio de las mayores compañías discográficas multinacionales, como Virgin, BMG y VH1) el acceso de los nuevos talentos del rock y el pop estadounidense a la industria discográfica, Papantonakis presentará una obra singular desde la que se pueden rastrear influencias de los expresionistas abstractos y figuras del posmodernismo como Jean Michel Basquiat o Cy Twonbly.

Las performances y los sets musicales que tendrán cabida en la muestra servirán seguramente de “marco” (no entendido en este sentido como límite del cuadro sino como su paratexto) para las composiciones, en las que también existe una exaltación del ritmo: los surcos del acrílico y la difuminación de los espacios describen el pulso de una vitalidad que se oculta en una determinada manera de puntuar rítmicamente los trazos. El uso de la espátula y de las manos hablan también de una elección y concepción particular de la superficie del lienzo como un lugar donde construir, no la perfección de la línea, pero sí el denso clima emocional de los pasajes musicales cuyos ecos buscan comunicarse como vivencias.

La etapa presente de la producción de Gonzalo Papantonakis puede evaluarse a través de obras que reflexionan, por ejemplo, sobre el espíritu de la modernidad y la posmodernidad a través de la música de Moby y Mozart o, en otro caso, del hombre como animal pasional a través de pastiches melo-plásticos que amalgaman a Wagner, Chopin y los Red Hot Chili Peppers. “Lo que puedo decir de mi obra ahora es que es puramente música representada en una tela. Y que la música (no tanto su parte verbal, sino la melodía) fue mi pasión desde que tengo memoria y pasé de apreciar mucho la melodía a apasionarme por la textura del sonido. Me he vuelto, con los años, excesivamente exigente con la calidad de esas texturas” -comenta Papantonakis- “Cuando empecé a pintar música fue por accidente. Tengo una especie de máxima, pero que (quizá por vivir en medio de esta sociedad tan pendiente del marketing) expreso como un slogan publicitario: Write music, play music, listen music, SEE MUSIC. Eso. Lo que quiero expresar ahora, es que la música se puede ver”.