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EL ACUARELISTA MAS GRANDE DEL MUNDO
(SEGUNDA PARTE)
Por Sergio Varela
1. El abrazo IV, acuarela, 97,6 x
110. 2. Mujer y Máscaras, témpera
sobre tela, 145 x 118 (mural de las
Galerías Pacífico).
3. Mujer y máscara, acuarela,
149 x 102. 4. Plaza de Palermo, acuarela,
38 x 56.
Las cosas han cambiado en el
mundo. Antes y después del
11 de septiembre. Y todavía
no se nota cuán profundo es
el cambio. Es decir que todavía
la inercia del mundo anterior, por
llamarlo de alguna forma, sigue estando
vigente. Hay una cadencia de acontecimientos
cotidianos que va a continuar por
algún tiempo, qué no
se sabe cuánto; porque las
cosas en la Historia, especialmente
en el arte, no son netas ni lineales.
Por ejemplo, aun en pleno Renacimiento
había pintores que rescataban
el Gótico. Este movimiento
tardó mucho más en desaparecer
que lo que marcan los libros de Historia
del Arte, que dan fechas demasiado
concretas. Las cosas no son así.
Son esfumaturas que van y vienen,
que avanzan y retroceden, sobre todo
en arte. Sin embargo, creo que, como
plano general, el mundo se ha puesto
más serio. Quiero decir con
esto que la fiesta parece haberse
terminado. Antes de las Twin Towers
había como una especie de euforia,
una gran explosión pero de
fuegos artificiales, donde parecía
que el consumismo no tenía
límites, donde el arte era
un desplante de cosas fugaces, efímeras,
que llamaban la atención. Era
la tiro, la compro, hago lo que quiero,
yo juego con el arte, sin darle el
valor espiritual que siempre ha tenido
la plástica. Es la primera
vez en la historia que el arte se
transformó en un juego descartable.
La sensación que había
era el mundo comienza y termina con
nosotros, una idea de eterno presente.
Parecía que los plásticos
inventaban a cada segundo la historia
del arte. Además se insistía
en la idea de las vanguardias, cuando
ya se sabe que la vanguardia dejó
de tener sentido.La vanguardia nace
como expresión que se opone
a lo oficial, y de repente lo oficial
terminó siendo la vanguardia.
Quiere decir que el sistema se fagocitó
todo, absolutamente todo. Cualquier
artistito de cuarta creía que
revolucionaba el arte porque ponía
un palito más acá o
cuatro piedras y un alambre retorcido,
sin tener en cuenta que antes habían
existido esculturas extraordinarias.
Creo que el hombre hoy ha tomado temor
a la precariedad de la existencia.
Sabe que le pegan un tiro en un taxi
o un talibán hace volar una
torre y mueren miles de personas.
Es decir que se torna evidente una
precariedad de la existencia que va
a llevar fatalmente a una forma de
reflexión en la cual entran
los imponderables de la existencia,
como siempre ha sido, como en el pasado
han impulsado estas preocupaciones
las pestes, las guerras o lo que fuera.
La filosofía ha trabajado en
esto, los mejores cerebros de la humanidad
han elucubrado cómo encontrar
una respuesta al misterio de la existencia.
Antes del 11 de septiembre no existía
el misterio, todo se diluía
en un chan-chan despreocupado como
una voluta de marihuana. Hoy me parece
que eso ya no va, creo que ese es
el cambio sustancial. En el mural
de las Galerías Pacífico
(Mujer y Máscaras)
y en La Ronda ya expresaba
esta preocupación, desde una
forma irónica de ver el problema.
El mundo como una gran mascarada.
Ese mundo que vamos dejando era una
gran mascarada, una existencia de
saltimbanquis. Justamente ahora se
nos están cayendo esas máscaras.
Si en algo ha cambiado o va a cambiar
el mundo es en que no es posible llevar
más caretas. La gente se ha
puesto más seria.
Explota una bomba y mueren miles de
personas.
Y ahí ya no se jode.
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