Guillermo Roux


EL ACUARELISTA MAS GRANDE DEL MUNDO (SEGUNDA PARTE)
Por Sergio Varela

1. El abrazo IV, acuarela, 97,6 x 110. 2. Mujer y Máscaras, témpera sobre tela, 145 x 118 (mural de las Galerías Pacífico). 3. Mujer y máscara, acuarela, 149 x 102. 4. Plaza de Palermo, acuarela, 38 x 56.


“Las cosas han cambiado en el mundo. Antes y después del 11 de septiembre. Y todavía no se nota cuán profundo es el cambio. Es decir que todavía la inercia del mundo anterior, por llamarlo de alguna forma, sigue estando vigente. Hay una cadencia de acontecimientos cotidianos que va a continuar por algún tiempo, qué no se sabe cuánto; porque las cosas en la Historia, especialmente en el arte, no son netas ni lineales. Por ejemplo, aun en pleno Renacimiento había pintores que rescataban el Gótico. Este movimiento tardó mucho más en desaparecer que lo que marcan los libros de Historia del Arte, que dan fechas demasiado concretas. Las cosas no son así. Son esfumaturas que van y vienen, que avanzan y retroceden, sobre todo en arte. Sin embargo, creo que, como plano general, el mundo se ha puesto más serio. Quiero decir con esto que la fiesta parece haberse terminado. Antes de las Twin Towers había como una especie de euforia, una gran explosión pero de fuegos artificiales, donde parecía que el consumismo no tenía límites, donde el arte era un desplante de cosas fugaces, efímeras, que llamaban la atención. Era la tiro, la compro, hago lo que quiero, yo juego con el arte, sin darle el valor espiritual que siempre ha tenido la plástica. Es la primera vez en la historia que el arte se transformó en un juego descartable. La sensación que había era el mundo comienza y termina con nosotros, una idea de eterno presente. Parecía que los plásticos inventaban a cada segundo la historia del arte. Además se insistía en la idea de las vanguardias, cuando ya se sabe que la vanguardia dejó de tener sentido.La vanguardia nace como expresión que se opone a lo oficial, y de repente lo oficial terminó siendo la vanguardia. Quiere decir que el sistema se fagocitó todo, absolutamente todo. Cualquier artistito de cuarta creía que revolucionaba el arte porque ponía un palito más acá o cuatro piedras y un alambre retorcido, sin tener en cuenta que antes habían existido esculturas extraordinarias. Creo que el hombre hoy ha tomado temor a la precariedad de la existencia. Sabe que le pegan un tiro en un taxi o un talibán hace volar una torre y mueren miles de personas. Es decir que se torna evidente una precariedad de la existencia que va a llevar fatalmente a una forma de reflexión en la cual entran los imponderables de la existencia, como siempre ha sido, como en el pasado han impulsado estas preocupaciones las pestes, las guerras o lo que fuera. La filosofía ha trabajado en esto, los mejores cerebros de la humanidad han elucubrado cómo encontrar una respuesta al misterio de la existencia. Antes del 11 de septiembre no existía el misterio, todo se diluía en un chan-chan despreocupado como una voluta de marihuana. Hoy me parece que eso ya no va, creo que ese es el cambio sustancial. En el mural de las Galerías Pacífico (“Mujer y Máscaras”) y en “La Ronda” ya expresaba esta preocupación, desde una forma irónica de ver el problema. El mundo como una gran mascarada. Ese mundo que vamos dejando era una gran mascarada, una existencia de saltimbanquis. Justamente ahora se nos están cayendo esas máscaras. Si en algo ha cambiado o va a cambiar el mundo es en que no es posible llevar más caretas. La gente se ha puesto más seria.
Explota una bomba y mueren miles de personas.
Y ahí ya no se jode.”