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¿Es muy loco pensar en un museo en el espacio al que visitemos flotando y mirando desde muy lejos hacia la Tierra? Parece que no tanto, porque ya fue propuesto por una artista inglesa, y lo mejor de todo es que nadie la trató de loca. Muy al contrario de lo que podría esperarse, su idea se llenó de adeptos. La afamada Tate Gallery de Londres adhiere con entusiasmo.
Por Agustina Fernandez
Según el Diccionario de la Real Academia Española, creatividad es la facultad de crear, pero según el nuestro, es la capacidad que tienen los seres humanos de soñar y hacer realidad sus fantasías. No hay nada más gratificante que ser el médium entre las ideas y las cosas, el mago que convierte unas en otras. Y en este punto, con toda osadía, diferimos de Aristóteles: el mundo de las ideas y de las cosas no son uno la copia del otro, sino dos paradas obligadas en el apasionante viaje de la creatividad.
Allí, entre dos mundos, está parada Susan Collins, directora del proyecto Tate in Space. Collins es una artista que trabaja en un territorio híbrido en el que se mezclan imágenes digitales y animaciones, instalaciones interactivas y proyectos de net.art (arte en la web). Sus obras suelen ser “site-specific ” , es decir concebidas especialmente para un cierto evento o espacio. En su afán de ir más allá, a Susan se le ocurrió una idea muy acorde con su estilo: construir un museo en el espacio. La prestigiosa galería de arte Tate de Londres, le dio el ok y decidió acompañarla en su insólita ocurrencia. Así surgió Tate in Space, que por el momento es solo una página web ( www.tate.org.uk/space ) que muestra la imagen tomada por un satélite en órbita, distintos modelos de un museo espacial propuestos por estudiantes de arquitectura en un concurso organizado por la galería, y verdaderas obras de arte que recrean la forma en que algunos artistas y diseñadores sueñan la parte exterior del museo: flotando en una nebulosa.
La finalidad de la galería orbital es analizar las ambiciones culturales de la institución, e incluso su producción cultural, más que centrarse en la creación de un nuevo arte espacial. El planteo suena bastante filosófico, tiene que ver con ir más allá, con tratar de modelar algo que todavía no tiene forma, pero que dentro de algunos años (no sabemos cuántos) será moneda corriente. ¿Se imaginan mirando un Picasso flotando dentro de un salón transparente en el medio del espacio? Sepan disculpar, pero no nos vemos poniendo mucha atención en Les Demoiselles d´Avignon teniendo la posibilidad de volar un rato... Al menos durante las primeras visitas.
Y aquí estamos, con un pie en la Tierra y el otro en el espacio. El Tate in Space abre muchos interrogantes que van desde cómo exponer obras de arte en un medio gravitatorio hasta cómo hacer para que este sueño no desemboque en una utopía más del hombre. Lo increíble de todo esto no es el museo en el espacio, sino la capacidad de tener una idea y que ésta se haga realidad. La creatividad del hombre es inagotable, eterna. |