A pesar del miedo a los aviones, Toral
recorrió más de sesenta
mil kilómetros para acompañar
su muestra antológica por ocho
museos latinoamericanos y culminar su
gira en Buenos Aires. Durante la inauguración
porteña, el pintor nacido en
Antequera, Málaga, señaló
"he cometido la extravagancia de
pintar bien cuando estaba de moda pintar
mal. La vanguardia ha hecho una dictadura
con los pintores figurativos".
Su obra es una reflexión acerca
del desamparo y la desposesión
material de personajes anónimos
que el artista retrata haciendo hincapié
en sus objetos. En la mayoría
de sus obras, la valija funciona como
símbolo de eternas esperas y
traslados. El viaje con sentido metafísico
aparece como un estado permanente, mediante
el cual personajes desolados transitan
por la vida.
El éxodo, el abandono y los
interiores envejecidos son las metáforas
que Cristóbal Toral utiliza
para hacer referencia a la contingencia
de lo material y para subrayar la
desnudez y la soledad como cualidades
esenciales de la condición
humana.
Para sus futuros trabajos el artista
introducirá ciertos cambios
en sus pinturas para potencializar
su expresividad: más color,
mayor simpleza y esquematizaciones.
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