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Desde un pasado personal aventurero
e inquieto, Carlos Páez Vilaró
se volcó a la pintura en la
década del 40, inspirado por
los trabajos de su compatriota Pedro
Figari. Los temas centrales de sus
obras iniciales fueron el folklore,
las congregaciones políticas,
los obreros en las fábricas
y los nocturnos y sensuales ambientes
del cabaret. La siguiente etapa retrataría
la vida de los morenos uruguayos y
los rituales del Carnaval. Uno de
sus primeros periplos lo llevó,
en la década del 60, a las
tierras africanas en plena época
revolucionaria. Senegal, Liberia,
Nigeria, el ardiente Tchad, Camerún,
Gabón y el Congo fueron algunos
de los destinos en los cuales convivió
con numerosas tribus. Allí
construyó sus propios talleres
en tierras africanas. Tatuó
a los indígenas, coloreó
sus aldeas y dejó como huella
artística grandes murales que
adornan desde palacios de gobierno
hasta hospitales. Incluso plasmó
en el celuloide un cortometraje llamado
Batouk, un homenaje a la raza negra.
Llegó en barco a la Polinesia
(donde también instaló
un taller y vivió unos años),
al corazón del Brasil, Nueva
Guinea, Filipinas y Hong Kong. Sus
viajes lo condujeron a puertos de
influencias, entre las que se incluyen
las de Picasso, Dalí, De Chirico
y Warhol, entre otros que aportaron
sugerencias personales.
Capaz de materializar su inspiración
en una escultura, una cerámica,
un film, un óleo, un mural,
un tapiz, un cuerpo, un mosaico o
un proyecto de arquitectura, su estilo
se fue delineando con el correr de
los años sin encasillarse en
una sola corriente. La libertad de
estilos es su estilo.
No sorprende entonces que Absolut,
la prestigiosa marca sueca de vodka
premium, le haya encomendado la primera
pieza de la serie latinoamericana
de la colección Absolut Art.
La obra Absolut Páez Vilaró
se presentó en Casapueblo,
el hogar-taller del artista en Uruguay,
y según el doctor Douglas Lewis,
curador de la National Gallery de
Washington, se trata de una
vibrante expresión de unidad,
donde se puede apreciar claramente
la integración del concepto
moderno -las líneas claras
y perfectas de la botella del farmacéutico
sueco- con los símbolos personales
del artista de la energía e
intuición, ambos eternos y
trascendentales.
Así, Paéz Vilaró
contribuye a beber el arte con el
sabor del espíritu enmarcado
en la artística botella de
una prestigiosa marca de espirituosas.
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