Alfredo Casero

El don de la risa

Músico, actor y representante indiscutible del humor argentino contemporáneo Casero muta permanentemente. Es un experto en deformar cada situación que se cruza a su piacere y su capacidad para llevar las cosas al terreno de la carcajada es ilimitada. Por momentos parece embarcado en una intensa persecución del costado más cómico de la vida.

Por Estanislao Cantón / Fotógrafo: Claudio Divella.

Por algún motivo, al dedicarle un número al festejo, lo primero que se nos ocurrió fue convocar a Alfredo Casero... y eso no es muy difícil de explicar. Debe haber muy pocos personajes que se tomen la vida con semejante nivel de alegría e intensidad, de festejo. Y también deben ser muy pocos los espectadores que no se hayan sentido contagiados por esa sensación mirándolo en televisión, en teatro o escuchando alguno de sus discos.

Casero resulta un explosivo catálogo de estados de ánimo: Explota de furia porque viene a la producción de fotos con pocas horas de sueño y la ropa le queda chica, o de gracia y humor cuando, con sus payasadas, demuestra a todo el mundo su costado inquieto y juguetón. Como manejado por un ritmo interno que no puede dominar, el actor pasa rápidamente de la seriedad a la euforia y de la euforia a la seriedad.

-¿Qué rol creés que cumplís en el mundo que te rodea?

-Mi rol como artista es el de cumplir con el mandato de darle a la gente lo que puedo y de la mejor manera. A veces los hago reír, a veces los hago llorar y a veces los hago tirar pedos... Yo tengo un don que Dios me dio y no quiero usarlo para mal, si no me lo saca. Quiero cuidarlo. No hago lo que debo hacer, sino lo que me pasa por adentro. Si hago un disco para el mercado, termino escuchando algo que me da vergüenza o me tengo que pasar cinco años tocando la misma canción pero de diferente manera; y no creo que lo soporte.

-¿Hasta qué punto pueden congeniar el arte y el negocio?

-Me remito directamente a los manuscritos de Miguel Angel. Ahí está cómo hacía los negocios, cómo le pagaba a uno, por qué le descontaba a otro... Hay que tener todo en la cabeza y no hay nadie mejor que uno para llevar los negocios. Fui seis veces a Japón y ahí aprendí muchas cosas. La verdad que llegué ahí y fue un quilombo. Mi disco “Casaerius” vendió muy bien para ser de un extranjero. El que hice con Miyazawa ( cantante y compositor de pop y rock japonés, autor de Shima Uta, el tema popularizado en nuestro país por Casero) lo compraron 200.000 personas. Una barbaridad. Terminé yendo al Festival de Kohaku, donde solo aceptaron a tres músicos no japoneses desde que empezó, hace 50 años. No es que fui a los suburbios y me escucharon algunas personas y digo que soy vanguardia porque no me animo a darle la cara al público argentino.

-Hablando de negocios, ¿qué es el Chachachá Club, el teatro-bar-restó que inauguraste en San Telmo?

-Es como si fuera la Dolce Vita donde se divertían Marcello Mastroianni y ésos... La idea es que sea algo glamoroso más que estruendoso. Hay de todo, siempre cambia. El lugar está bueno y se proyectan las películas de cuando hacíamos el programa (Cha-Cha-Cha). Hay un restaurante, un after office japonés y un espacio en el que hago mi espectáculo. De repente cuando quiero como ahí. Soy muy hincha pelotas porque me gusta cuidar todo, que la gente realmente esté feliz ahí y si hay algún problema, solucionarlo. El asunto es que pongo todo el corazón ahí. La verdad que voy cuando quiero y me asusta un poco la cantidad de gente que va, entonces me voy... Vienen muchos europeos y gente de todos los barrios.

-¿Para qué público está pensado?

-Para la gente que quiere estar tranqui, comer bien y hacer lo que quiera de buena manera. Queremos cuidarlo a ese nivel. No tenemos gran tecnología de seguridad ni presentamos cosas raras. Lo más raro puede ser que venga una loca divina y haga un striptease increíble y que la gente se quede helada. Abajo tenemos un lugar que me hace acordar a un local donde voy en Japón. Es un bolichito que está en el barrio Roppongi.

CONOCE MAS A ESTE GRAN ARTISTA DEL HUMOR EN EL PLANETA URBANO DE DICIEMBRE