Antonio Birabent
Un artista moderno

Antes de regresar a la pantalla chica en Epitafios , miniserie que HBO Olé emitirá en Latinoamérica a partir del 14 de este mes, nos encontramos con un dúctil canalizador de emociones. Músico, actor y ciudadano por convicción, Antonio Birabent cree en la suma del poder individual para cambiar el mundo. ¿Ustedes no?

Por Pablo Del Bosco / Fotógrafa: Soledad Rubio

Por un capricho del destino 11 años de la vida de Antonio transcurrieron en Madrid, ciudad a la que partió a los 7 como consecuencia del exilio de su padre, Mauricio, célebre pionero argentino del rock más conocido como “Moris”. A su regreso, y tras una experiencia breve en el periodismo rockero, se volcó de lleno a la música -actualmente promociona su último disco titulado Buenos Aires- y esporádicamente a la actuación en apariciones cuidadosamente seleccionadas.

En un moderno bar situado en diagonal a la clínica porteña donde llegó al mundo hace 35 años, la conversación comienza con aires nostálgicos. “Siempre que paso por acá me sobreviene una sensación de alegría por el hecho de vivir en la ciudad donde nací. Mi relación con Buenos Aires pasa por un amor y una obsesión que tienen que ver con lo que ya no está… ¡pensá que hasta acá llegaba el río!”. Con tono neutro y pausado, lentamente se descubre a un original pensador urbano, a un flâneur tal como describió Baudelaire al arquetipo de paseante callejero en El Pintor de la Vida Moderna . “El cambio y la permanencia me producen una gran curiosidad. Si pudiese pedir un deseo sería viajar 15 años atrás para comprobar que Buenos Aires cambió mucho más de lo que percibimos. Todavía me siento un ‘turista en mi ciudad', y al viajar en colectivo la visión que tengo me recuerda cuando apenas llegué de Madrid. Fijate qué fenómeno curioso. Vas en un vehículo a una altura considerable, a un ritmo sostenido, donde las demás miradas no son la tuya… La mayoría de mis canciones tienen que ver con ese ‘viaje colectivo', con una mirada desde otro lugar, atenta a los estímulos que hay alrededor”.

-¿Nunca te peleaste con Buenos Aires?

-No con la ciudad sino con lo que contiene. Hace años que numerosos historiadores, escritores y pensadores -Félix Luna, Martínez Estrada… infinidad- marcaron su desproporción y gigantismo. Como una cruz que le juega en contra, cargada de situaciones poco agradables que nos toca vivir. Eso me hace daño. Pero en vez de pensar que es un motivo para irme, creo que es un buen motivo para quedarme a luchar. En una canción del disco, Sos Verano parece que le hablo a una chica, pero en realidad le hablo a mi entorno: “Sos verano para mí y pensé un plan para quedarme para siempre por aquí, sin viajar hacia ninguna parte”. Es una apología del arraigo, de la pertenencia.

-¿Sentís un compromiso concreto con tu ciudad?

-Sin duda. Practico un activismo cotidiano-ciudadano que tiene que ver con la honorabilidad, el cuidado hacia el otro y un respeto callejero que me encanta producir y recibir. Soy un absoluto convencido del poder de la acción individual y de su sumatoria para lograr un poder colectivo. Y volvemos al “viaje colectivo”, porque si cada uno “viaja en auto” sería un gran problema… Otro de los males que nos aquejan desde hace tiempo es esa poca sensación de conciudadanos, de personas que vivirán una misma situación -favorable o no- de acuerdo con la acción que todos llevemos adelante.

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