Carolina Fal


Insolente madurez

A los 32 años la ex niña terrible parece haber encontrado el punto justo de la madurez y se permite demostrar su fragilidad. Lejos de la rebelde combativa que en algún momento fue la actriz que encarna a Electra en una versión “eléctrica” de la tragedia griega, no teme mostrarse como una mujer feliz.

Por Diego Abdo / Fotógrafía: Perez-Cummins

 Brummmmmmmm. Coches, colectivos, bocinas. Brummmmmmmm. El bar de la esquina de la futura Ciudad Cultural Konex no da respiro a los oídos de los comensales. Mientras tanto la tarde marcha pesada, húmeda, y la lluvia amenaza con un atentado. Sin embargo, Carolina se acerca a la mesa de la entrevista descalza, con dos grandes botas en las manos, un vestidito todo blanco y una sonrisa sostenida sin esfuerzo. Tras el café con leche y ya con el plato vacío de medias lunas, el grabador espera hambriento.

-“¿Cómo ando?. Muy bien, muy bien”. Sensación primera: su voz parece disfrutar de un principio de afonía. Sensación segunda: esa misma afonía amaga en unos años a convertirse, ¿por qué no? en la voz de Graciela Borges, una actriz con la que Fal tiene varios puntos en común. De hecho es la intérprete principal de Monobloc , la película de Luis Ortega, para la cual ella escribió el guión.

-Además de actuar ahora estás escribiendo. ¿Qué te inspira para escribir?

-Mi infancia. Para mí todo está ahí y no sé muy bien por qué. Juro que no es a propósito, pero cuando termino de escribir me doy cuenta de que todo salió de mi niñez. Hasta la música que me gusta tiene que ver con mi infancia. No sé bien la razón, aunque supongo que es la etapa más fuerte, donde todo se forma y con el tiempo uno se transforma en la persona que es de grande.

-¿Te acordás cuándo aparecieron por primera vez las ganas de escribir?

-Yo creo que empecé a escribir porque no podía dormir, se dio en mí por no saber qué hacer. En mi caso la escritura no va separada de la actuación; y en el fondo cuando escribo siempre termino haciéndolo sobre las mismas cosas, y cuando actúo termino contando lo mismo. En definitiva creo que es mostrar tu mirada del mundo y compartir esa misma mirada con el mundo.

-¿Cómo son tus momentos de escritura?

-Generalmente por la mañana, acompañada por el mate. Cuando sé qué voy a escribir al otro día, me armo de una rutina, pongo el despertador a las ocho y no paro hasta el mediodía. Otra cosa que me ayuda es escuchar una misma canción todo el tiempo.

-¿Y eso no te cansa? ¿No te anula?

-Siempre cuando escribo una historia lo hago escuchando una sola canción ininterrumpidamente, casi de manera enloquecedora. Mi fórmula es repetir, porque cuando encuentro que una canción me ayuda a inspirarme no quiero alejarme de ella. Creo en la repetición y en la saturación porque siempre sale algo.

 

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