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Anticiparse a lo que va a pasar no es una ventaja de la que muchos podamos disfrutar. Fabiana Daversa dice ser una de las pocas capacitadas. Especialista en runas y autora de cuatro libros, esta vidente es consultada por gente de todo tipo, pero sobre todo “de la familia de los raros”. Raros o no, nosotros la visitamos y aquí les contamos qué pasó.
Por Agustina Fernandez / Fotos de: Estanislao Cantón
Entre las bocinas y el fuerte murmullo urbano, su voz resuena desde el portero eléctrico. “¿Quién es?” -pregunta con tono aniñado-. El camino hasta su puerta lo hago guiada por un fuerte aroma a sahumerio. De voluminosa melena corta, entre marrón y rojiza, con buena figura, pies descalzos y sonrisa amplia, aparece Fabiana Daversa. Lleva puesto un catsuit negro de lino con escote pronunciado, un par de aros estilo hindú y un colgante formado por un círculo de arpillera, como un caracol sin cuerpo.
Su estudio es luminoso y de paredes claras. Me dirige hasta uno de los ambientes que cuenta con una hermosa vista del barrio de Belgrano. Hay una mesa con un mantel que parece hindú (pero que se puede conseguir en el Once), dos bancos enfrentados, una estantería y un placard. Detrás de donde ella se sienta, una lámina reproduce varias figuras de la mitología nórdica. Sobre el mantel tipo hindú puede verse un “Campo del Sol” (cuero con un dibujo en el centro sobre el que se dispersarán las runas).
Fabiana nació en San Pablo, Brasil, hace cuarenta años. Hija de la actriz argentina Elida Gay Palmer y del director de cine italiano Alberto D´Aversa, creció junto a sus tres hermanos en medio de la movida cultural que sus padres fueron a promover en la tierra del carnaval, allá por los sesenta. Afirma haber crecido en un mundo glamoroso que para ella fue “todo un tema”. La típica caricatura del artista le molesta. Dice preferir la paz y la profundidad. “Si no están calibrados con trabajo espiritual, los artistas terminan siendo el personaje”, aclara mientras sus gestos la contradicen: se sacude el pelo para darle más volumen, se levanta el bretel que se le cae y humedece sus labios con un dejo de coquetería.
No es que esperara encontrarme con una gitana, pero nunca hubiese imaginado a una vidente tan joven y moderna. “Me parece patético el brujo vestido con las estrellas”, afirma con un tono que deja entrever su origen de chica bien. Retoma el tema de los personajes, y le pregunto cuál es el suyo. “Yo soy una sibila -mujer a quien los antiguos atribuyeron espíritu profético-, la profecía me encanta”.
Destino
Le pido que me relate algún hecho de su infancia que deje entrever su vocación y luego de narrar varias historias comunes a cualquier niño encuentra lo que parece ser el puntapié inicial de su estigma esotérico. El día en que nació, un chico renegrido de 17 años tocó el timbre de su casa en San Pablo. Los padres del chico lo habían echado por ser gay. “Mamá vio que estaba solo y le propuso cuidarme. Lo hizo durante seis años. Era un ser místico que me enseñó mucho”. Cuando Fabiana se vino a vivir a Buenos Aires, su “ángel cuidador” murió.
TERMINA DE CONOCER A ESTA CHICA DE LA FAMILIA DE LOS RAROS EN EL PLANETA URBANO DE ENERO/FEBRERO |