| Por Agustina Fernandez / Fotógrafo: Claudio Divella
En el estudio del fotógrafo Claudio Divella se respiraba una atmósfera especial. El único que no hablaba de Pablo Echarri era un golden retriver ,“el Chino”. Escucho el timbre. Una fuerte música sonaba arriba porque el equipo había subido a ver un video, entonces abrí la puerta. Era él. Previo simpático saludo, entró envalentonado seguido de su formal representante. Al darme vuelta tendría frente a mí a Diego Moreno en vivo y en directo, luego de haberlo visto todo un año en Resistiré . A veces la objetividad periodística se convierte en un ideal inalcanzable, ésta era una de esas veces.
Entré al luminoso y espejado camarín. Allí estaba, enmarcado por un aura de lamparitas y con el pelo sujetado. Me senté a su izquierda, los dos enfrentados al espejo, lo que provocaría un juego de miradas bastante divertido.
Remera blanca, cadena y cruz de plata, jeans y zapatillas. Así es Pablo por fuera, pero ¿cómo es por dentro? “¡Eh! (risas) ¿ya terminamos? ¿Todas las preguntas van a ser así de difíciles? Un tipo exigente consigo mismo. Detallista”. Tal vez fue mucho para empezar. Mientras tanto, la peluquera lidiaba con sus patillas y él le pidió que se las corte, lo mismo con la barba, de varios días.
Este chico de barrio debía tener algo exótico, si no quién me explica el porqué del éxito. “No sé. Para actuar creo que soy simple, trabajo de una manera bastante intuitiva, le hago caso a lo que sucede en el momento exacto. Más allá de la búsqueda del personaje, depende mucho de lo que me pasa cuando actúo. Con respecto a la simpleza de la vida, tal vez tengo una mirada bastante pragmática, trato de navegar acorde con lo que la vida dispone. Es esa simpleza lo que puede llegar a gustar...También puede ser que vengo de Villa Dominico, un barrio bastante humilde, golpeado como todo el conurbano bonaerense”.
Pensé que para él no debe ser nada fácil conciliar la fama con la vida normal que le gusta llevar. “Apenas empecé esta profesión, traté de encontrarle el verdadero significado y de separarla de mi vida personal. Entonces me fui fijando cómo sobrevivir y evolucionar en este medio sin sucumbir en el intento. Encontré un equilibrio entre tener una vida lo más normal posible y trabajar en algo tan fuera de lo común. Y me gusta seguir logrando cosas a nivel profesional, ése es mi juego. Si hubiera perdido la capacidad de jugar o de poder seguir creciendo, creo que me estaría quedando con poco a los 34 años. Mi familia es lo que más me importa. También necesito poder jugar ahí dentro, ponerme a la altura de mi nena y disfrutar sin que sea un trámite. Me llamo dichoso de poder seguir jugando con esta profesión”.
Pablo es muy agradecido de lo que tiene, se muestra reticente a hablar de lo malo del éxito. “El secuestro de golpe apareció e interactué con lo que sucedía. Fui incorporando a mi vida el miedo. Que me pase a mí como figura pública hace que no sea igual que el resto de la gente. Pero hago cuentas, y si este medio me sigue dando alegrías... voy a seguir intentando. Aprendí a ponerle límites. Y te aseguro que lo logré, impuse cierto respeto como para que la invasión no sea total. La parcial la tengo que manejar porque mi elección fue la de trabajar de esto, pero la total no la soporto, ni la acepto”.
El peinado estaba listo. No era su estilo, muy formal, muy achatado. La maquilladora nos pidió que cambiemos de silla, él se sentó en la mía y yo resolví sentarme en el borde de la ventana, continuando a su izquierda. Se mostraba entusiasmado con la charla y a pesar de que había miradas que nos apuraban para pasar a las fotos, seguimos hablando.
EL MAS GUAPO SIGUIO HABLANDO EN EL PLANETA URBANO DE JULIO, ¿TE LO VAS A PERDER?. |