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En el Olimpo de nuestra música nacional, representa un ícono incomparable. Su carrera, su vida y otros misterios la fueron transformando en una convincente creadora que logra transportarnos con su voz. Ella es realmente amada por todas las generaciones: aquí, allá y en todas partes.
Por Fernando Noy / Fotógrafo: Eugenio Himel
I. Según mi madre, ya desde los dos años bailaba “a tempo”. A los ocho años ya quería estudiar guitarra. En esa época debuté en el Bayard con un tema de Leonardo Favio Hoy corté una flor… O sea, había aprendido de golpe. Al año siguiente canté Balada para un loc y no tenía ni idea de lo que significaba el hecho de que Astor Piazzolla y Amelita Baltar estuvieran en la platea. Montamos como una especie de opereta musical con la nueva profesora de música, una japonesa maravillosa que me incentivaba. De pronto tuve que cambiar de colegio y eso me originó un gran trauma. Estuve un año viviendo junto a mi abuela Esther Pueyrredón. Cuando mis padres se mudaron a una quinta de Ezeiza empecé el séptimo grado en el Saint Mark's College de Monte Grande.
II. Cada disco de Los Beatles que salía era como prender una vela sonora. Mc Cartney y Lennon fueron dos iluminados. Con ellos aprendí armonía. Con Songs in the key of life, de Steve Wonder, terminé por encenderme. Otro maestro fundamental fue James Taylor. Después de cursar dos años en Bellas Artes me bocharon en una materia injustamente y los mandé a la mierda. Enseguida comencé a tocar en pubs. Estaba en el coro de una banda que se presentaba en Oliver's. Una noche se enfermó la cantante y tuve que cantar Dust in the wind . Cuando escuché mi voz enseguida comprendí que ése sería mi destino.
Surgió un encuentro con Miguel Zavaleta que me propuso ser su corista junto a Claudia Puyó, que es lo mejor que hay acá. Me presentó a Daniel Melingo y participé del Ring Club con la genia de Vivi Tellas en Las Bay Biscuits. Estaban Patricio Bisso, Miguel Abuelo y los hermanos Clavel. Pocas veces en mi vida me divertí tanto. También estaba Andrés Calamaro y era medio su noviecita. Siempre buscando niños prodigio, la chancha china.
III. Melingo me contó que estaba formando con Pipo Cipolatti Los Twist. Durante dos años hicimos una infinidad de shows hasta que aparecieron Charly García y Fabián Couto, que fue nuestro primer manager y nos ordenó un poco. Grabamos en apenas tres días La ducha en movimiento . El primero, las bases, el segundo las voces y el tercero lo mezclamos. Nadie daba un peso por nosotros y el disco fue doble platino. En esa época yo tenía un corte punk y era bastante gordita.
Mientras viajábamos en un auto celeste Mercedes Benz de Spinetta, le comenté a Charly que era la cantante de Los Twist y se fascinó. Me pidió que fuera a los estudios El Jardín y me ofreció la canción Transatlántico Art Decó que está en la película Pubis Angelical . A pesar de las peleas, Charly y yo nos amamos sin limitaciones. El dice que me inventó y yo sostengo que él me “vio”, lo cual no es poco, claro.
TODO ACERCA DE ESTA EMBAJADORA DE LA MUSICA EN EL PLANETA URBANO DE DICIEMBRE |