| Buscavidas de exportación
Interpreta a un porteño “chanta” en la televisión española, pero a pesar de que allí lo tratan como a un “señorito inglés” dice que piensa volver. De visita en la Argentina, este actor que luchó arduamente para perseguir un sueño nos habla de su pasado, su presente y su futuro.
Por Nora Mazza / Fotografía: Pérez-Cummins
Pese a algunos giros castizos apenas perceptibles cuando habla, este morocho de ojos oscuros y mirada profunda es de pura cepa argentina. Fabián Mazzei, que hoy está radicado en Madrid, vive una etapa de consolidación profesional y personal lejos de su tierra gracias, en alguna medida, a la popularidad lograda con personajes como Garmendia, en Campeones, y a su participación en conocidos programas de la televisión argentina como Amigovios, Mil millones, El sodero de mi vida y en los films Apariencia y Entre los dioses del desprecio -éste último todavía sin estrenar-.
“Los productores habían visto mi trabajo en Campeones y les pareció que podía funcionar”, cuenta Mazzei, de visita en el país.
Todo comenzó con un casting para la tira española Un paso adelante, versión local de la clásica Fama, donde fue contratado para grabar seis capítulos, pero gracias a la buena recepción de su personaje hoy va por su tercera temporada, extensión de contrato mediante.
“Para mí trabajar en España representó un gran desafío personal, sobre todo porque era un lugar y un público desconocidos y realmente significó una oportunidad de superación enorme”, dice.
En la tira -por la que pasaron artistas como Ricky Martin, Chayanne y Robin Williams- Mazzei encarna a Horacio Dalmasso, un cliché del argentino “buscavidas” que llega a España después de la crisis de 2001 en la Argentina.
“Horacio es el típico chanta, un tipo que no tiene límites, que miente con tal de conseguir lo que quiere”, dice de su personaje. “En el fondo es un apasionado con ideales. Revierte las normas como un recurso de subsistencia, pero sabe también cuáles son los límites”, afirma en un intento por redimir a su personaje. Aunque parece que falta no le hace. Gracias al carisma y a la seducción del actor “el argentino” se ha ganado el aprecio y la calidez del público español. Sobre todo, seamos sinceros, en su vertiente femenina.
Un pibe de barrio
Desde chiquito tuvo claro que quería ser actor. Sin embargo, antes de dedicarse de lleno a su pasión trabajó como taxista, vendiendo sanitarios y bolsas de residuos y haciendo degustaciones en supermercados. “Me acuerdo que mi vieja me decía: ‘Todo bien lo de la actuación, pero buscate una profesión'. Por entonces había decidido estudiar profesorado de educación física, pero también había empezado a tomar clases de teatro con Agustín Alezzo, lo que me partió la cabeza. Yo era un pibe de barrio, un ‘guarro', y con él aprendí a valorar la densidad de las palabras. Entendí lo que significa trabajar con los sentimientos”, explica.
Cada vez más entusiasmado con la actuación, Fabián decidió mentirle a sus padres diciéndoles que no había aprobado el ingreso al profesorado. Pero la alegría no duró mucho tiempo. Cuando él tenía veinticinco años, su papá enfermó de cáncer y falleció. Sobre sus espaldas recayeron todas las responsabilidades de la familia y de la fábrica de sanitarios de su papá. “Fue un golpe terrible -dice-. Encima de la pérdida de mi viejo tuve que hacerme cargo de un trabajo que no tenía nada que ver conmigo y empezar a cumplir horarios. La verdad, la pasé muy mal. Tuve una depresión terrible. Cuando llegaba a casa sólo me acostaba y dormía. Lo único que me mantenía a flote eran mis clases de teatro”.
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