EGO TRIP: JORGE ASIS

Cada vez que se pronuncia su nombre, no hay comentario que pase inadvertido. El gran escritor argentino devenido diplomático, entre otras artes, se aventura aquí por los laberintos de su propia vida. Y reflexiona sobra la diversidad de su tiempo.

Texto de Fernando Noy / Fotos de Vicky Aguirre

UNO
En la postal que recibí del escritor chileno José Donoso decía: “Ojalá tuviéramos un Jorge Asís en Chile”. Acababa de publicar Flores robadas en los jardines de Quilmes y todavía trabajaba en Clarín descubriendo que con el éxito, simultáneamente, surge cierta sospecha de indignidad que es víspera y preparación para una caravana de calumnias. Uno de nuestros absurdos casi incomprensibles, de ahí que para mí el éxito sea tan deseable como condenatorio. Y no por haberme psicoanalizado a través de la literatura a veces siento como si me estuvieran hablando de otra persona. Además ya había publicado siete libros diferentes e incluso creía que estaba harto. Especialmente mi novela Carne picada fue escrita con la secreta sospecha de que al final iba a morirme. Por algo allí prevalece una exaltación de la juventud. Pensaba que no pasaría los treinta y cinco años. Esa edad es como una inexorable frontera. Entonces surgió Diario de la Argentina, una especie de pasaje en limpio o pateadura de tablero. Estaba harto. No lo escribía por valiente, ni conciencia de traidor revelando secretos, simplemente cansancio y al mismo tiempo pensar: “¡¿Ah, sí!? Ya van a ver”. Pero eso lo pude comprobar después, cuando el poder me pasaba por encima. Algunos murmuraban que la política me sería perniciosa, pero si al fin no acabaron por masacrarme, seguro que fue a causa de mi literatura.

DOS

Desde el ´76, durante todo el Proceso estuve prácticamente bajo vigilancia. Luego de Malvinas, cuando ya era posible escribir sobre nuevos temas, se me negaba el espacio. Intentaban mezclarme con aquello que ya había terminado. Es casi imperdonable decirlo, pero igualmente esos años no me impidieron escribir con una libertad creativa estremecedora. Si me lanzaba a hacerlo debía tener la absoluta convicción de que nadie lo estaría esperando para publicar. Mis primeras cuatro novelas a partir del ´80, en parte fueron escritas dentro de la propia redacción del diario. Por la mañana, durante las horas en que nunca había casi nadie. De todos modos reconozco que fui famoso y logré el éxito antes de ser culto. Muy joven, todavía no había leído todo lo que más o menos conocía de títulos y nombres. En una cena de Editorial Pomaire me encontré con “Manucho” Mujica Láinez, Enrique Pezzoni, Pepe Bianco y Juan José Hernández. Mientras comíamos, los cuatro hablaban sobre Marcel Proust con tanta erudición que era de algún modo una manera de excluirnos. Al retirarme pensé que los iba a jorobar cuanto antes. Me puse a leer Proust sin interrupciones. Al llegar a París incluso viajé al lugar donde veraneaba el escritor, me alojé en el mismo cuarto que él, comí en su restaurante favorito y leí toda su biografía existente. Al regresar, en Buenos Aires se habían muerto casi todos. “Manucho” era una maravilloso conversador. A veces cantaba con picardía. “Don Ramiro de Casasbellas, dicen que quiere meterse a monja”. El me dedicó un ejemplar de El escarabajo con feroz ironía: “A Jorge Asís con muchísimas ganas de leer su última idea”. Después me enteré que en el zodíaco chino era perro, igual a mí. Otra vez, como periodista en una colectiva, Borges me hizo pasar un papelón cuando le pregunté: “¿Por qué usted afirma ser el escritor del siglo XIX?”. Me respondió, sin inmutarse: “Es que nací en 1899”. Así supe que también era perro. Hablando de esto, alguna vez le sugerí a Duhalde que contratara un asesor astrológico para no equivocarse al designar fórmulas antagónicas. En el ´99 nombra a Ruckauf, mono, como gobernador, pero le coloca un tigre al lado, Felipe Solá. Se lo dije: “Tigre con mono nunca van a funcionar y entran pronto en conflicto”. Así pasó. En 2003 su segunda equivocación fue juntar al tigre Kirchner con el mono Daniel Scioli. Esto enseguida estalla porque el mono es muy ansioso, no tiene noción de los tiempos, pasa a veces los semáforos en rojo. Y si el mono se mueve anticipadamente es previsible que el tigre lo agarre con sus pezuñas para masacrarlo. Incluso justo ahora viene el año del mono, durante el cual todo tigre sufre cierta adversidad. Es un tanto alarmante que en el 2004 los dos cargos ejecutivos más importantes estén en mano de ambos tigres, como Kirchner y Solá, justo en el medio de un país rata de fuego como la Argentina.

PARA CONOCER MAS ANECDOTAS DE VIDA DE ESTE POLEMICO ESCRITOR, BUSCA LA EXTENSA NOTA QUE OCUPA LA SECCION EGO TRIP EN EL PLANETA URBANO DE VERANO (EDICION ESPECIAL ENERO / FEBRERO).