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Presión de agua
Entre chapuzón y chapuzón, José Meolans abre el juego en una charla desprovista de los laureles que suele recibir en el podio. Luego de finalizar un año complicado, no oculta el cansancio y la presión que le provocan ser el número uno y llega a confesar que, por momentos, no quiere ni ver el agua.
Por Clara Cook / Fotógrafa: Soledad Rubio
En su primera competencia en el Club Tiro Federal de Córdoba, Josecito se tiró al agua y empezó a nadar pecho mientras el resto nadaba crawl. Pero, ante los gritos desesperados de su entrenador, se detuvo, miró a los otros y empezó a bracear tan rápido que pronto ganó el tramo que había perdido y terminó entre los primeros. Tenía solo siete años y ya se perfilaba como un gran nadador.
Con el tiempo fue campeón mundial de pileta corta en los Juegos Olímpicos de Moscú, donde también conquistó la medalla de plata en los 100 metros libres. Lleva ganadas diez medallas doradas en Copas del Mundo, posee varios récords argentinos y con tan solo 19 años fue premiado en 1997 con el Olimpia de Oro como el deportista más destacado de la temporada. En ese contexto, el año pasado no fue el mejor porque su actuación en Atenas no tuvo los resultados que esperaba. Sin embargo jamás renunció, y hoy, con 26 años, continúa entrenando sin descanso para los certámenes que este año lo tendrán como protagonista.
Entre chapuzón y chapuzón, y desde el proyecto de residencias contemporáneas Tronador, que eligió como su nueva morada en Buenos Aires, José Meolans abre el juego con una charla sin laureles de ningún tipo ni egos desmedidos.
-Se terminó otro año ¿qué balance hacés del 2004?
-Para mí no fue nada bueno, ya que en la competencia más importante de todo el ciclo no pude lograr lo que me había propuesto, que implicaba mejorar mis marcas y clasificar para una final olímpica. Ese era mi gran objetivo y estaba mejor preparado que nunca, pero no pude.
-Cuando llegaste pediste perdón. ¿Por qué sentiste esa necesidad?
-Simplemente me salió decirlo en ese momento. Principalmente por la gente que había puesto sus esperanzas en mí. Mis seres queridos y todos los que me estuvieron acompañando en todo esto.
-¿Con tu trayectoria todavía se siente la presión?
-Se habló demasiado antes de que fuera para Atenas. Mucha gente ya me colgaba una medalla en el pecho y eso era muy difícil de mantener. Los que estaban a mi lado sabían cuáles eran mis posibilidades reales. Si yo mejoraba mis marcas podía estar en una final dentro de los ocho primeros, pero estar en un podio era bastante lejano.
Ni ver el agua
Desconfía de lo desconocido, se sonroja cuando una pregunta ahonda sobre un aspecto personal y le cuesta levantar la mirada al responder. Extraña combinación para alguien que más allá de su fama se impone por su estatura (mide 1,95 metro). “Pepe”, como lo conocen sus íntimos, es retraído y eso se distingue a simple vista. El nadador cordobés es uno de los mejores del mundo, pero la palabra que lo define parece ser humildad. Sus ojos casi transparentes parecen haberse mimetizado con el agua, será por eso que dejan ver tan claramente su cansancio por la presión y el ritmo que debe soportar.
EL NADADOR SIGUIO HABLANDO EN EL PLANETA URBANO DE ENERO/FEBRERO ¿TE LO VAS A PERDER? |