Ego trip: José María Peña


El guardián de la historia

Los invitamos a recorrer en primera persona la historia de alguien que dedicó su vida a la historia. Legendario fundador del Museo de la Ciudad de Buenos Aires -que aún dirige- y de la feria de antigüedades de la Plaza Dorrego, en San Telmo, el arquitecto Peña ha logrado combinar el rigor científico de sus investigaciones con un desacartonado sentido del humor.

 Por Fernando Noy / Fotógrafo: Estanislao Cantón

I. Siempre digo que si algo me abrió el panorama, eso fue una maquinita Kodak a cajón. Desde muy chico me regalaron una y empecé a sacar fotografías. Descubría los detalles y eso me hacía entrar en las cosas. Por otro lado, siempre me gustó leer en forma ecléctica. Papá trabajaba en General Madariaga y ahí había una biblioteca con todos los temas. Yo leía y leía sin parar. En mis tiempos de estudiante ya comenzaba a gustarme mucho el cine, y sobre todo trataba de no perderme ninguna película argentina. Eran mundos nuevos que se abrían. Otra de las cosas que me movilizaba y divertía muchísimo eran las librerías de viejo. Otra aventura. Te podías encontrar con libros fascinantes de cualquier época, auténticas joyas que te enganchaban y, además, en ese entonces, los libreros sabían absolutamente todo lo que tenían que saber.

II. Hugo Parpagnoli, en 1965, me encargó oficialmente que fuera curador de la primera Muestra de Art Noveau en Buenos Aires. Todo lo que se exhibió fueron piezas de mi propiedad en una cuarta parte, el resto lo compré en anticuarios donde elegía floreros y piezas invalorables a diez centavos. En los dos pisos del Museo de Arte Moderno estaba todo meticulosamente consignado. Hubo gran respuesta de público. A Parpagnoli, como a mí, también le divertía ir a remates o demoliciones; y en esas ocasiones siempre decía que no se puede dejar de visitar terrazas y sótanos, porque generalmente ahí están las mayores sorpresas. Una vez él compró un inodoro blanco con relieves de flores y bellotas increíbles, al que, por antiguo, habían guardado en el sótano.

III. Hace poco fue el aniversario de la Feria de Antigüedades de Plaza Dorrego. Siempre hacemos concursos de puestos caracterizados. Algunos los transforman de tal manera que no llegan a vender nada. Hubo uno en el que montaron el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso de Dante. Algo increíble, Adán y Eva con malla rosada y peluca. Otro estaba disfrazado de canillita y anunciaba a viva voz y con toda alegría el periódico original del día en que Eva Perón falleció. No sé cómo no lo mataron. Cuando logramos que se firmara la ordenanza para declarar a San Telmo como Zona Histórica comenzó una guerra feroz con las inmobiliarias. Pensaban que eso les acabaría el negocio. Yo mismo tuve que soportar amenazas de muerte y cosas por el estilo. Como tenían conexiones y eran anunciantes en los periódicos lograron sacar en La Nación un gran artículo con dibujos de tipos enmascarados robando en las casas y en el epígrafe decía: “El Bronx de Buenos Aires”.

TODO SOBRE ESTE GENIAL ARQUITECTO LO ENCONTRAS EN EL PLANETA URBANOS DE ENERO/FEBRERO