Mariano Llinás: Como bomba pequeñita

Balnearios se consagró como la película-sensación de 2002. Mariano Llinás financió su delirio cinematográfico con una beca de la Fundación Antorchas y realizó una de las películas más baratas y extrañas en la historia del cine nacional. Hoy, mientras se prepara para filmar otra, produce un film sobre el amor dirigido por cuatro ex alumnos suyos. Con tan solo 28 años, Llinás espera otro gran “hit”.

Texto de Paz Dubarry / Fotos de Marcel Antelo

El cine fue su respuesta a una personalidad versátil y ecléctica, puesta al servicio de la acción. “Siempre me gustó mucho el cine. Pero me gustaban otras cosas también. Mi viejo es escritor, mi hermana es actriz, mi vieja estuvo siempre con el arte. El cine era lo que quedaba libre. No sé por qué fue que lo elegí, pero sí por qué me gusta ahora. Mi actividad en el cine tiene mucho que ver con la literatura también. Escribir me resulta bastante natural, me divierte. Supongo que se debe a haber tenido un contacto permanente con la literatura. Pero no me gusta el tipo de vida que el escribir implica. Hay algo en el cine que tiene que ver con la acción, con el riesgo físico, un costado más... deportivo, que el resto de las artes no tienen. Hay algo de aventura en el hecho cinematográfico. La creación literaria implica la soledad. Mi manera de ser cuadra bien en esta actividad. Soy una persona poco precisa, me las arreglo en diferentes ámbitos. Creo que el cine es para gente que no es extremadamente certera”.

Su nombre empezó a sonar más fuerte gracias a las interminables colas que se generaban ante cada función de Balnearios, en el MALBA. Su película, una especie de documental ficticio, reunía al público más diverso. Modernos, nostálgicos, posmos e intelectuales fueron capturados por este experimento cinematográfico. “La película tiene dos partes. En un caso trabajamos con lo que para todo el mundo era muy reconocible. Con lo otro, naturalmente se buscaba provocar asombro. Para los porteños, la idea de que existen esos lugares medio oníricos es inimaginable. Entonces me pareció que lo mejor era reforzar esa sensación de extrañamiento. Duplicar la apuesta. Encontrar un personaje que encarnase esa rareza que todos los lugares tenían. Y ahí surgió la idea de un artista obsesionado con eso de la misma manera en que los pintores del impresionismo estaban obsesionados con los balnearios del Sena. Una especie de personaje extremadamente atípico. Surgió la idea de Zucco, de sus obras, y de las esculturas. Le dimos con eso algo pagano, una especie de onda mitológica de culto a Neptuno”.

La idea surgió más bien de fascinaciones históricas propias y se transformó en la concreción de miles de pensamientos disímiles coleccionados durante años.

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