María Socas

INTERPRETE DE LA ENERGÍA
Por Robertino Delfabro / Fotografía: ULM Creative.

 Es madre, atleta y actriz. Sabe perfectamente que la dispersión es enemiga de la armonía y pasa por la vida intentando obviar las presiones que generan la ambiciones personales y las pretensiones ajenas. Descubran qué es trascender con energía.

-María, ¿en qué se basa la filosofía del tai chi?

-Sus dos pilares son el I-Ching y el Tao Te King. Es muy difícil hablar de su contenido; imaginate que el libro de Lao-tsé empieza diciendo: “El tao que se puede nombrar no es el verdadero tao”. Entonces ya con eso solo te das una idea....Otras de las cosas para destacar que dice el Tao Te King es: “Llenar el vientre y vaciar el corazón y la mente”. ¿Qué es llenar el vientre? ¿Comerse una empanada? Así podría entenderlo uno cuando lo lee por primera vez, sin comprender muy bien el sentido (risas). Llenar el vientre tiene que ver con hacer llegar la intención al bajo vientre, a la región del ombligo, la región del origen, donde estaba nuestro cordón umbilical. Vaciar el corazón tiene que ver con soltar los deseos y las preocupaciones.

-Ese ejemplo fue el primero que pensé... (risas)

-Les sucede a muchos: panza llena, corazón contento. A pesar de que hace 20 años que practico tai chi todavía siento que me falta muchísimo para hablar de estas cosas. Igualmente estoy menos verde que al comienzo.

-¿Cómo fue tu primera impresión del tai chi?

-Yo estudiaba actuación con Carlos Gandolfo. En ese momento venía de los Estados Unidos la idea de que esta práctica era buena para los actores, y Carlos llevó al estudio al profesor Daniel Brenner. Cuando empecé a practicar con él me irritaba muchísimo porque yo venía de un entrenamiento fuertísimo: corría 14 kilómetros por día, hacía velocidad, saltaba en alto y competía todos lo fines de semana. Es decir, estaba acostumbrada al deporte y al entrenamiento fuerte. Los miraba y decía: “Esta gente se mueve como mantequita” (risas). A veces me ponía tan nerviosa que llegaba a hablar en la mitad de la clase y decía cosas como: “Pero por qué no le ponen un poco de pilas”. Te lo juro.

-¿Cómo era la vida de atleta?

-Me acuerdo de una anécdota de cuando hice el récord nacional de salto en alto. La noche anterior había comido mucho en el cumpleaños de una amiga; nada más ni nada menos que mousse de chocolate. En aquel momento, para lo rigurosa que era mi disciplina, era como un pecado y un no definitivo. Pero solté el deseo ante el torneo más importante del año. Prácticamente lo di por perdido.

-¿Y al final qué pasó?

-Simplemente empecé a saltar. Me recuerdo increíblemente tranquila, con un estadio enorme lleno de gente. Pero casi te diría que estaba pensando en otra cosa. No tenía idea, no me preguntes qué pasó. Simplemente saltaba. Subían la varilla y yo saltaba: 1.53 mts. y lo hacía, 1.56 mts. y lo superaba. En un momento ya estaba en otro estado. Tuve la ligera noción de que me había quedado sola. En salto en alto, las que no superan la marca van quedando fuera de competencia y puede pasar que te quedes sola. Pero tuve una noción lejana. No tuve un registro más adrenalínico de la situación. No. Mi organismo empezó a funcionar de otra manera y empecé a percibir todo como si fuera en cámara lenta. La impresión que tengo es que empecé a ver como supongo que debe ver una mosca, porque veía todo: veía para atrás, para los costados, pero no porque girara la cabeza. Realmente estaba quieta y veía así. Creo que había dejado de ver solo con los ojos que están adelante, los ojos del depredador.

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