Paula Morales


Barrilete cósmico

Preparada para dar el zarpazo, la hija de Víctor Hugo no duda en jugarse por la actuación. Tras una breve experiencia como modelo y cinco años de estudiar psicología, después de ella ¿¡qué importa el fútbol!?

Por Diego Abdo / Fotógrafa: Soledad Rubio

Paula es una de esas chicas que ayudan a descubrir hacia dónde va la verdadera belleza femenina. No pasa inadvertida pese a la sencillez de sus gestos. Tras cada idea, una sonrisa. Acomoda y reacomoda su pelo lacio castaño y mientras advierte ser desordenada en su casa y con sus cosas, no deja de ajustar sus ojos en los míos.

Paula es la hija mayor del relator, periodista y conductor Víctor Hugo Morales. En su casa viven, además de su padre, dos hermanos y la madre, de profesión maquilladora. Con el apoyo de sus padres -que como dice ella solo conservan el deseo de verla feliz- quiere “construir” su carrera por cuenta propia. Y la apuesta la hace de lleno a la actuación, su primera vocación y gran incentivo de estos días. “Estudié con Lito Cruz y en el taller de Telefé. Me costó empezar a estudiar teatro porque soy terriblemente tímida, pero eso me ayudó a sacar cosas de mí y a combatir poco a poco la timidez”. Como imagen dentro de la actuación le gusta la que proyectan Ricardo Darín, Inés Estévez y Fabián Vena: “Me encanta que puedan sacar tantas facetas distintas. Los he visto haciendo personajes muy diferentes con una capacidad de metamorfosis increíble”.

A los 24 años, de novia con un desconocido -para los medios-, está lejos del casamiento, lejos de una familia con hijos, pero muy próxima a recibirse de psicóloga. “No ando por ahí psicoanalizando a la gente porque me parece horrible encontrarse con una persona que esté analizando cada movimiento que hagas”. Como para marcar diferencias, no manda a todo el mundo al psicólogo (aunque en su caso más de uno seguramente pediría ir solo). “No creo que todos necesitemos del psicoanálisis, se puede vivir sin psicólogos”, avisa. “¡Aunque no todos!”, se sincera sonriendo.

Antepone la sencillez natural al glamour forzado. “No creo vivir en una burbuja. En mi casa siempre se mamó la idea de ver qué es lo que les está pasando a los demás. Uno está en una situación muy distinta de otras personas que están a pocos kilómetros de acá. Es dañino no solamente para los demás, sino también para uno, porque hay que darse cuenta que también te puede tocar a vos. Nadie está a salvo de nada”.

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