| La plenitud de la vida
Por Paz Dubarry
I
La relación que construimos con Adolfo Aristarain en esta película fue muy especial. En el set, yo no comía con el resto del equipo, estaba muy concentrada en mi papel y necesitaba mi espacio. Nosotros nos mirábamos y nos entendíamos. No necesitamos intelectualizar el personaje o ponernos a conversar y discutir su esencia. Le entendía cada gesto y cada una de esas miradas era mucho más profunda que todo lo que nos podríamos haber dicho. Cuando terminó el rodaje nos dimos un abrazo que me dejó entrañablemente ligada a él. Yo sé lo que le pasó a él y él sabe lo que me pasó a mí. Ese tipo de relación que no necesita de las palabras, que se hace día a día, que se alimenta de lo que uno va poniendo, lleva a que el otro se dé cuenta de lo que uno es, de lo que puede dar, de lo que está dispuesto a dejar en cada trabajo.
II
Yo trabajo mucho sola, acumulo información sobre el personaje, estoy atenta a lo que siento y me dejo llevar por el personaje. No me gusta frenarlo una vez que lo encuentro adentro mío. Una toma es poco tiempo para entregarse. La actuación es eso, entregarse para poder sacarlo cuando sea necesario y aun con poco tiempo. Yo lo llamo a hacer la plancha, porque es lo que hay que hacer en ese preciso momento en el que sentís que te ahogás. Es ahí donde sentís que el personaje verdaderamente te está llevando. Es cuando sentís que el personaje y vos están siendo lo que tienen que ser. Por eso es tan determinante la mirada del director sobre tu trabajo. El que te da libertad, entiende, y sabe lo que estás haciendo. La confianza es absoluta.
III
Siempre estoy trabajando un personaje. Actuar es un trabajo de 24 horas, como actriz, todo lo que vivo desemboca en la construcción de un personaje. El trabajo del actor consiste en que te den espacio para que puedas crear, no en repetir tonos. La tensión en el cine se ve antes que la actuación. En cine se ve la mentira, se ve todo. A mí me encanta el cine porque me encanta la fotografía. Me gusta imaginarme dentro de un cuadro. Tengo la mirada del fotógrafo, me gusta verme a través de la cámara. Todo cuenta de vos, de tu alrededor. A mí me gusta jugar y ver cómo me voy a acomodar en ese lugar, cómo me voy a adueñar de ese espacio. Yo entiendo el encuadre, sé cuánto me puedo mover, y sé cuándo no puedo hacerlo.
IV
Hacer que algo sea vivo y que esté vivo, ésa es la magia del cine. Dar vida a algo que hasta ese momento estaba muerto. Pero es un arte traicionero. Si vos decís la letra y no te pasa lo que le pasa al personaje, podés engañar bastante en ese momento, pero en la pantalla después se ve todo. Solo vos sabés si estás tocando la nota que hay que tocar. Es un trabajo muy minucioso, hay que tener mucha paciencia para esperar y saber que no podes perder lo que tenés que contar. A veces pasan horas, y cuando paran para comer, te das cuenta que te habían preparado a las 7 de la mañana para hacer una escena a las 9, ¡y ya son las 2 de la tarde! Se te está cayendo el maquillaje y el peinado, estás cansada, no podés ponerte de mal humor porque sabés que cada uno está haciendo su trabajo. Y de un momento a otro, todo está listo y alguien hace ¡paf!, vuelve el silencio y ahí quedás vos. ¡Es apasionante!
PARA SEGUIR CONOCIENDO A SUSÚ BUSCÁ EN EL KIOSCO, EL NÚMERO DE ABRIL DE EL PLANETA URBANO |