|
Samurai de pistas
En un pequeño sushi bar de Liberdade, un barrio paulista donde se concentra la mayor población nipona en el mundo después de Japón, entre risueño y gentil el piloto de fórmula uno Takuma Sato conversó con El Planeta Urbano sobre comida, automovilismo y sueños.
Autora: G uchy (desde San Pablo)
Con solo 27 años y un metro sesenta y tres, este corredor que se ganó la reputación de “crasher” por su vehemencia al volante, hoy mueve millones de fans y abre masivamente las puertas de la F1 al mercado oriental. Las mismas puertas que alguna vez entreabrió Satoru Nakajima, a quien recuerda como una figura decisiva en su vida después de Ayrton Senna. “Yo era un chico de diez años que no sabía nada de F1 cuando fui a Suzuka con mi padre a aclamar a Nakajima en su Lotus Honda amarillo. Sin embargo, me conmovió su compañero de equipo, Senna, y a pesar de que no entendía nada de todo esto, a esa edad sentí que había algo especial en ese piloto”.
Cuando se le pregunta cuál es su deporte favorito, Takuma Sato responde sin vueltas “el ciclismo”. Luego de ganar en 1994 una carrera nacional de colegios japoneses, y en 1996 la de las universidades, se dio cuenta de que eso de conducir rápido era lo suyo. “Cuando tenía 17 años empecé a participar en carreras sobre pista y a tomármelo en serio. Gané algunas. Todavía practico el ciclismo todo lo que puedo, pero ahora soy un piloto de F1”, afirma Sato como contándoselo a sí mismo.
Recién a los 19 años se encendieron los motores para Takuma cuando decidió comprarse un karting, su primer contacto con la velocidad y con esa sensación de ser uno mismo la única seguridad. Siguiendo el camino de todos los pilotos, ese fue el primer paso en la carrera de Sato, cuyo potencial no pasó inadvertido en la escuela Honda Racing de Suzuka que lo vio nacer. La misma lo hizo acreedor de un gran premio: un viaje, todo pago, al Campeonato de Fórmula Tres de Japón de 1998. Pero su ambición iba más lejos. Entonces se fue a Europa a mirar, a través de sus ojos rasgados, su gran sueño más de cerca.
Una vez en el viejo continente su primer equipo fue Diamond Racing. Con él participó en siete pruebas de la Fórmula Vauxhall, en Gran Bretaña, para pasar luego a la Fórmula Opel. “Cada minuto que estás manejando, estás aprendiendo. Apuesto a que cualquier piloto, hasta Michael Schumacher, diría esto acerca del auto, del circuito, de uno mismo”, comenta Sato con suma sencillez.
En 1999 corrió su primer campeonato completo, las Euroseries de la Fórmula Opel, en el que consiguió su primera victoria destacada al terminar sexto. A la vez tomó parte en las últimas pruebas del campeonato británico de F3 (Clase B). En la temporada siguiente subió a la máxima categoría del mismo campeonato con el equipo Carlin Motorsport, compartiendo cartel con profesionales que habían trabajado en escuderías de F1. A ellos les aportó cinco victorias para acabar terceros en la clasificación general.
En diciembre de 2000 los equipos más prestigiosos comenzaron a fijarse en él, casi como si hubiesen descubierto un tesoro escondido. Inmediatamente realizó pruebas para Jordan y BAR (British American Racing), siendo este último equipo el afortunado que se quedó con el botín. En el 2001 ya era piloto de BAR, y desde entonces el samurai de las pistas no paró de darle triunfos a la F3 británica, batiendo el récord con doce subidas al podio. Además, venció en el Marlboro Masters de Zandvoort y en el Gran Premio de Macao.
EL SAMURAI DE LAS PISTAS HABLO CON EL PLANETA URBANO, BUSCALO EN EL NUMERO DE ENERO/FEBRERO |