Es periodista, dramaturgo y un minucioso
observador de la realidad. Muchas fueron
las obras que escribió y también
los premios con que fue galardonado
a lo largo de su vida. En esta charla
de lujo deja en evidencia una lucidez
digna de siete décadas de existencia.
Texto de Tomás Cazenave /
Foto de Inés Vaca Guzmán
¿De dónde te
nutrís para escribir?
Trabajo mucho con los recuerdos.
Los deformo, porque creo que el artista
no debe trabajar con su biografía,
sino abrirse de ella lo máximo
posible. Yo digo que el arte es como
la presbicia, esa enfermedad de los
ojos que empieza a los 40 años.
Hay que alejarse para no convertir
la ficción en una autobiografía.
Tus personajes tienen enormes
problemas de comunicación.
¿Somos una sociedad incomunicada?
Sí. Esta es una sociedad que
tiende a incomunicar a la gente, que
aísla. La falta de diálogo
en la familia, sobre todo en mí
generación. No se hablaban
las cosas, y menos con los jóvenes.
Ahora también las costumbres,
la televisión y la computadora
o esas cosas que encierran. Tenemos
una televisión muy deformadora.
No está al servicio de la formación
y de la educación de gente,
y eso agrava. Antes, me parece, teníamos
un grado más en la amistad.
Por lo menos más horas. Más
horas en el café, la charla…
¿Por qué?
La incomunicación viene por
la forma en que vivimos. Esto no es
Suiza, no es Europa. Esta es una sociedad
muy insegura. No solo la policial.
Hay mucha incertidumbre e inseguridad
con respecto al futuro. Antiguamente
un tipo entraba en un banco y pensaba
que podía llegar a ser gerente,
comprarse una casa, un auto. Su vida
estaba arreglada. Todo lo que había
que hacer era ir a la universidad.
¿A quién se le hubiera
ocurrido que siendo médico,
ingeniero, arquitecto o psicoanalista
uno podía quedarse sin trabajo?
Por ejemplo, yo trabajaba en Clarín,
que en aquel entonces era como una
Meca, y un día un borracho
amigo me propuso lanzar una revista
y me fui. Dejé el diario porque
sabía que si quería
podía volver y que si no había
lugar entraba a La Nación.
Fuiste parte de los que en
1981 se reunieron para formar Teatro
Abierto, ¿qué significó
para ustedes aquel movimiento?
Teatro Abierto fue un hecho único
e irrepetible. Tuvo una gran eficacia.
Cuando producís un hecho y
ese hecho cobra significación
te das cuenta que valió la
pena haberlo hecho. Fue un fenómeno
de resistencia cultural muy grande,
muy masivo, muy significativo. Como
acción de la emoción
y del corazón, nunca tuve otra
igual.
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