Roberto “Tito” Cossa: La voz de la experiencia

Es periodista, dramaturgo y un minucioso observador de la realidad. Muchas fueron las obras que escribió y también los premios con que fue galardonado a lo largo de su vida. En esta charla de lujo deja en evidencia una lucidez digna de siete décadas de existencia.

Texto de Tomás Cazenave / Foto de Inés Vaca Guzmán

¿De dónde te nutrís para escribir?

Trabajo mucho con los recuerdos. Los deformo, porque creo que el artista no debe trabajar con su biografía, sino abrirse de ella lo máximo posible. Yo digo que el arte es como la presbicia, esa enfermedad de los ojos que empieza a los 40 años. Hay que alejarse para no convertir la ficción en una autobiografía.

Tus personajes tienen enormes problemas de comunicación. ¿Somos una sociedad incomunicada?

Sí. Esta es una sociedad que tiende a incomunicar a la gente, que aísla. La falta de diálogo en la familia, sobre todo en mí generación. No se hablaban las cosas, y menos con los jóvenes. Ahora también las costumbres, la televisión y la computadora o esas cosas que encierran. Tenemos una televisión muy deformadora. No está al servicio de la formación y de la educación de gente, y eso agrava. Antes, me parece, teníamos un grado más en la amistad. Por lo menos más horas. Más horas en el café, la charla…

¿Por qué?

La incomunicación viene por la forma en que vivimos. Esto no es Suiza, no es Europa. Esta es una sociedad muy insegura. No solo la policial. Hay mucha incertidumbre e inseguridad con respecto al futuro. Antiguamente un tipo entraba en un banco y pensaba que podía llegar a ser gerente, comprarse una casa, un auto. Su vida estaba arreglada. Todo lo que había que hacer era ir a la universidad. ¿A quién se le hubiera ocurrido que siendo médico, ingeniero, arquitecto o psicoanalista uno podía quedarse sin trabajo? Por ejemplo, yo trabajaba en Clarín, que en aquel entonces era como una Meca, y un día un borracho amigo me propuso lanzar una revista y me fui. Dejé el diario porque sabía que si quería podía volver y que si no había lugar entraba a La Nación.

Fuiste parte de los que en 1981 se reunieron para formar Teatro Abierto, ¿qué significó para ustedes aquel movimiento?

Teatro Abierto fue un hecho único e irrepetible. Tuvo una gran eficacia. Cuando producís un hecho y ese hecho cobra significación te das cuenta que valió la pena haberlo hecho. Fue un fenómeno de resistencia cultural muy grande, muy masivo, muy significativo. Como acción de la emoción y del corazón, nunca tuve otra igual.


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