Catalina Walther
La sirenita

Linda, simpática y, según los que saben, una excelente deportista, con 21 años es la única representante argentina de windsurf en los próximos Juegos Olímpicos. Con ustedes, ¡una diosa del agua!

Por María del Mar Fernández / Fotógrafo: Roberto Azcarate

Era uno de los tantos crudos días de invierno en que el sol no había aparecido por Buenos Aires y el frío se hacía sentir. Un fotógrafo, una agente de prensa y yo nos dirigíamos hacia San Isidro al encuentro de la campeona argentina y sudamericana de windsurf, Catalina Walther.

Cata, como la llaman casi todos en Puerto Tablas -donde entrena-, es heredera de una belleza envidiable. Su madre, la ex modelo Virginia Elizalde, da crédito de eso al recibirnos en el bar en que nos sentamos a esperarla.

Cuando nuestra estrella llega, bien predispuesta y de muy buen ánimo, a pesar de haber estado entrenando en el gimnasio toda la mañana, nos disponemos a charlar como si fuéramos dos amigas. Hablamos de moda, de dietas, de amores y de deporte. Todo es respondido con una sonrisa amena y una mirada profunda que se escapa a través de sus rasgados ojos verdes.

No cabe duda de que Catalina se está preparando duro para dar lo mejor de sí en Atenas, un verdadero desafío para ella, pues carga con la responsabilidad de representarnos. Para eso se somete a un entrenamiento riguroso: cuida mucho su cuerpo y se dedica exclusivamente al deporte; sabe que de eso vive y por eso se preserva. “ Llevo una vida muy sana, muy exigente, que te hace aprender un montón de cosas. El deporte te pone en situaciones límite que te dejan enseñanzas; tal vez te entrenaste todo un año para una competencia y te va mal. Eso es frustrante, pero tenés que seguir adelante. Tenés que ser súper disciplinado; yo me tengo que organizar todos los viajes, todo mi entrenamiento, saber establecer prioridades. Hay mucha gente que dice: ‘¡Ah! hace windsurf, viaja y navega', pero es todo una rutina”, enfatiza con la seguridad de quien sabe lo que quiere.

Empezó a navegar a los quince años, pero recién cuando terminó el colegio secundario comenzó a plantearse el deporte como una profesión, como una forma de vida. Por eso es sumamente consciente de que su cuerpo es un elemento fundamental que debe proteger, tanto a nivel físico como psíquico. Se cuida con una dieta balanceada y se esfuerza por mantener una vida tranquila. Comprendió que estar mentalmente sana también es importante e influye en su rendimiento como deportista, por eso acude dos veces por semana a la psicóloga. “Es muy importante el tema de la cabeza. Muchas veces uno se pone metas y tiene expectativas que se obliga a cumplir, pero que a veces no logra. Con la terapeuta trabajamos justamente para que yo pueda correr tranquila, para que durante las regatas solo piense en eso y llegue en la mejor condición posible”.

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