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Hace tan solo un tiempo estudiar cualquier carrera de diseño era toda una provocación. Crear esas carreras lo fue mucho más. Pero pasaron ya veinte años de democracia e innovación y los transgresores lograron marcar una tendencia: El estudio del diseño es un boom enmarcado en una verdadera cultura de lo creativo
Por Luciana Malamud
Primero fueron el diseño gráfico y el industrial. Después siguió el resto. Cuando en 1989 se abrieron las carreras de Indumentaria y Textil en la Universidad de Buenos Aires (UBA), los empresarios no sabían qué les podían aportar a sus productos y contrataban a los egresados como “los loquitos a los que tenían que poner límites muy claros”. Pero ellos se sentían libres, decididos a crear y a mejorar la calidad de vida de la gente, porque para eso sirve el diseño, dicen. Hoy Indumentaria es la carrera de mayor auge, la que está de moda. Y no es casual.
“La carrera surge cuando empiezan a pensarse carreras cortas. Fue creciendo tranquilamente, pero hace dos años creció mucho más”, cuenta Graciela Suen, directora de Diseño de Indumentaria y Textil de la UBA. “Hay un resurgimiento de lo moderno y están todos alborotados por el diseño. Me parece bárbaro que sucediera después de luchar para que el diseño dejara de ser solo para los autos y los lavarropas, y que se extendiera a otras cosas”.
La devaluación, la demanda interna, el crecimiento del turismo, la influencia de los medios de comunicación, la posibilidad de apostar a quedarse en el país y de exportar, todo suma y genera entusiasmo.
“A mediados de los ´80 el diseño venía de la mano de la imagen corporativa y las carreras surgían no como demanda de la industria, sino como un cambio de paradigma profesional”, explica Adrián Lebendiker, director general del Centro Metropolitano de Diseño. "Se fue instalando una cultura de lo creativo, de la valoración social de este oficio, aunque un poco desarticulada del proceso industrial real”, coincide con Suen. “Y con la caída de la convertibilidad empezó a haber un derrame a toda la sociedad. Se generó un escenario de competitividad mucho mejor, pero también hubo otros factores que tuvieron que ver con la capacidad de innovación”.
Todo se dio vuelta en poco tiempo. “En los `90 era todo importado. Ahora le dan más protagonismo al diseño local”, afirma Verónica Fiorini, egresada de la UBA y coordinadora de Indumentaria y Textil. "De las empresas están llamando todo el tiempo para pedir profesionales”.
El fenómeno también se ve en la Universidad de Palermo (UP), donde la Facultad de Diseño tiene el 50% de la matrícula. En 1991 se creó Diseño Gráfico, se agregó Diseño de Modas en 1993 como orientación, y tuvo tanta demanda que al año siguiente se creó la carrera de Indumentaria. "Al diseño se ha logrado incorporarlo a la vida cotidiana gracias a las comunicaciones y al desarrollo de la cultura”, dice Jorge Gaitto, secretario académico de la Facultad. “Nosotros aprovechamos esa sinergia para instalarlo porque estamos convencidos de sus bondades. El diseño otorga otra mirada, y por lo tanto otro valor al producto. Es una herramienta de competitividad”.
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