La marca planetaria  


De jarabe aromático producido en una farmacia en Atlanta, Estados Unidos, a bebida emblemática distribuida por todos los rincones del planeta. De un dueño y creador a 45.000 empleados alrededor del mundo. De vender 9 vasos por día, a más de 40 mil millones de litros diarios… Coca-Cola es así.

Autor: Martín Feldman

Si John Pemberton, el farmacéutico inventor del líquido saborizado color caramelo, resucitara , seguramente no podría creer que hoy su bebida se vende no solo en todas las esquinas de Atlanta, sino también en las de prácticamente todas las ciudades de 200 países más. Tampoco creería que de aquellos rudimentarios vasos en que se servía, se pasó a decenas de envases de distintas formas y tamaños. Y menos comprendería cómo su compañía pasó de perder 20 dólares en su primer año a ganar centenares de millones en la actualidad.

Porque, en realidad, lo único que buscaba don Pemberton allá por 1886 era una cura rápida para los dolores de cabeza, pero lo que consiguió fue crear la marca más reconocida de la historia contemporánea.

El reto de cualquier empresa es lograr crear una marca reconocida por los consumidores. Buscando ese objetivo, derrochan millones de dólares en campañas de publicidad, en sus departamentos de marketing y en contratar luminarias internacionales para que sean su imagen en el mundo. Y todo esto no les asegura nada; miles de marcas sucumben en el intento por ser reconocidas.

Pero a veces la combinación de diversos factores y situaciones termina forjando lo inesperado. Solo tres cosas unió Pemberton para crear la Coca-Cola: una farmacia, la necesidad de una cura para el dolor de cabeza... y un contador creativo. Sí, además de llevar los asientos contables de aquella incipiente megaempresa, Frank Robinson, el contador amigo de Pemberton, fue quien inventó el nombre de Coca-Cola y quien diseñó la tipografía inconfundible con la que se la asocia hasta el día de hoy.

Lo que no puede decirse de Pemberton es que haya sido un visionario para los negocios. Cinco años después de su invención, vendió la compañía a otro farmacéutico, Asa Griggs Candler, por la friolera de 2.300 dólares contantes y sonantes. Hoy, solo la marca, más allá de las fábricas, distribuidoras y demás, está valuada en 67.394 millones de dólares, según la consultora internacional Interbrand.

Fue Candler quien vio la veta comercial del producto y transformó a Coca-Cola en un atisbo de lo que es actualmente. Hasta podría considerárselo el padre de lo que hoy se conoce como promoción: repartió cupones de cortesía para que la gente degustara la bebida y entregó a las farmacias relojes, almanaques y balanzas con el logo de Coca-Cola.

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