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Una rápida revisión desde la antigua Grecia hasta los tiempos que corren pasando por la utilización del cuerpo como instrumento artístico al que debemos cuidar, para llegar a la conclusión, como siempre, de que la Creación encierra el parámetro de perfección y belleza que el hombre siempre va a emular pero nunca alcanzar por completo.
PRIMERA PARTE Una breve historia del cuerpo Autora: Gimena Cantón
El cuerpo vendría a ser algo así como la carrocería del auto. Sin el motor, no es más que un montón de chapa que no sirve para mucho. En cambio, con motor, tiene la capacidad de trasladarse en el espacio, de encender, poner una luz de giro, abrir y cerrar las ventanillas. Como el motor que “anima” a la carrocería, nuestro motor, además de darle vida al cuerpo, nos da la capacidad de raciocinio. El ser humano piensa al mundo, al cosmos, a los demás, y también se piensa a sí mismo. Esos pensamientos son los que le dan un marco de “realidad” a toda esta gran locura de vivir.
Dentro de la vasta opción de formas en las que el mundo se nos aproxima a través de nuestros pensamientos y percepciones, encontramos la estética. Algo es bello en función de nuestra subjetividad. En el caso del cuerpo humano, las dietas, los gimnasios, los distintos y cada vez más artificiales métodos de bronceado son todas prácticas que tienen más que ver con el imaginario que con el cuerpo en sí. Y así pasamos por alto lo que en realidad es el cuerpo: la carrocería del motor. David LeBreton lo dijo así: “El cuerpo es una construcción simbólica, no una realidad en sí mismo”. Los conceptos de belleza varían según el pensamiento propio de cada época. Y, como en los tiempos que corren impera el materialismo, el hombre se ha cosificado a tal punto que aquel que tiene cosas, va al gimnasio y adelgaza para estar flaco y vital para disfrutar esas cosas (para éstos, el cuerpo es una cosa más). Y el que no las tiene, come para alimentar su cuerpo que, en definitiva, es la única cosa que posee.
Si el propósito es hacer una breve revisión de la historia de la estética de la anatomía humana, llegamos a la conclusión de que lo que tenemos que revisar es la historia de la evolución del pensamiento, que es lo que da la visión sobre el cuerpo. En un artículo llamado El cuerpo como metáfora , publicado en la revista española DeSignis, la socióloga argentina Susana Saulquin escribe: “Existe una estrecha relación entre la construcción del sistema de apariencias, y las necesidades que tienen las sociedades en las diferentes etapas históricas”.
El cuerpo: una obra de arte
El cuerpo como unidad temática artística surge en Grecia en el siglo V. La Grecia socrática y platónica fue la responsable de introducir el desnudo como tema dentro de las manifestaciones artísticas y la perfección del cuerpo como ideal humano. Para ello, tomaron como referencia determinados postulados que formularon los egipcios como resultado de su búsqueda de la perfecta proporción del planeta. Estos estudiaron las medidas que les permitieran dividir la tierra de forma exacta, a partir del hombre y sus miembros. Así, aplicaron estos conocimientos en su arquitectura, emulando la perfección de la Creación de Dios en sus obras, y esto hoy es conocido como el número de oro (con que Dios crea las cosas) o la proporción áurea. Estos conocimientos migraron a Grecia y de allí a Roma, y las culturas grecorromanas los tomaron para aplicarlos a sus construcciones y piezas de arte. Pero las esculturas griegas de este período, no se caracterizan por una belleza “espontánea”, sino más bien por cierta rigidez estética. El arte griego es fundamentalmente idealista en relación a la estética de la anatomía humana y sólo en pequeñas dosis puede dejar esa mirada perfeccionista para dar un marco de realidad a la obra.
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