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Comprar la última cartera de Louis Vuitton, el nuevo traje de Armani o pasar la tarde en Palermo deambulando en búsqueda de “esa” prenda o accesorio para anticiparse al resto puede pasar de ser un acto esporádico a convertirse en una cotidiana obsesión. Como en toda ciudad que se precie de ser cosmopolita, Buenos Aires también alberga víctimas de la moda.
Autoras: Guchy y Marina Delménico / Fotógrafo: Luis Abadi
Para avanzar sobre un tema árido, y sobre el que poco se ha teorizado, nada mejor que una buena definición. La de “fashion victim” debería ser algo así: “Expresión sajona que describe a aquellos individuos que son ‘víctimas de la moda' o aquellos que anteponen los dictados de la misma al gusto o al estilo propio”. Podríamos decir que, aunque como adjetivo que describe un comportamiento casi patológico el término comenzó a utilizarse en los Estados Unidos a mediados de los ‘80, la tribu a la que hace referencia existió, en mayor o menor medida, siempre. Todos sabemos que perseguir los caprichos de la moda puede convertirse en una obsesión eternamente insatisfecha, pero no todos podemos evitarlo. Y justamente de eso se trata ser un fashion victim. Un adicto a la moda que busca, ante todo, saciar una necesidad artificialmente creada que, en principio, resulta imposible de saciar. Quizás a eso se refería Oscar Wilde al decir que “la moda tiene una forma tan intolerable que debe cambiarse cada seis meses”. (¡Seis meses! Tenían suerte las encorsetadas mujeres de su época... ¡ojalá en nuestros días el paso de los zapatos en punta a los de terminación redonda nos diera tiempo al menos de cobrar el sueldo!). Esa forma intolerable de la que hablaba Wilde es la que desvela a un fashion victim. Esclavos de un régimen dictado por las marcas de indumentaria, ellos van por la vida buscando esa prenda que logrará hacerlos únicos y distinguirlos del resto. Esa porción de seguridad que se presentará en tela, metal o lo que sea, para mitigar esa necesidad imperante de “ser fashion”.
Criaturas urbanas por excelencia, habitués de museos, ferias, shoppings y galerías, los fashion victims son blanco de las grandes marcas -y su ejército de vendedores- que juntan fortunas tratando de crear y satisfacer necesidades que ellos mismos se enorgullecen de alimentar.
El territorio Como sabemos, no hay tribu sin territorio, y el de los fashion victims en nuestra ciudad parece estar claramente delimitado. Por un lado Recoleta, con la avenida Alvear y el distinguido Patio Bullrich como sedes de las más reconocidas marcas internacionales y locales, sigue siendo el punto de abastecimiento preferido por los fashion victims que usan tarjeta gold. Para los de un perfil más “cool”, Palermo no solo lidera el ranking de visitas, sino que se ha convertido en un verdadero disparador de tendencias, estilos y modas. Cuna de marcas alternativas, de diseños estridentes y originales, la zona se ha transformado durante estos últimos años en el surtidor por excelencia de nuestras queridas víctimas. Para comprobarlo basta con recorrer los alrededores de Plaza Serrano, zona que también cayó víctima de la moda y que muchos denominan “Palermo SoHo”. Pero ojo novatos, no se asusten si alguna vez se toparon con una avanzada de esta tribu en Las Cañitas, que para muchos fieles es como su segundo hogar.
DESCUBRI SI SOS UN VERDADERO FASHION VICTIM EN EL PLANETA URBANO DE SEPTIEMBRE. |