Fitness maníacos  


Tribus Urbanas

La obsesión por el cuerpo perfecto es un fenómeno que está de moda desde hace ya mucho tiempo, y a pesar de que se sabe que es una utopía inalcanzable son muchos los que perseveran en la búsqueda. Con ustedes: los fanáticos del gym. ¡Y uno y dos y tres!

Autores: Marina Delménico y Andrés Devoto / Fotógrafo: Luis Abadi

 Como movidos por un impulso sobrenatural, lo que también podría considerarse una voluntad envidiable o una necesidad de mantener el nivel de endorfinas a pleno, toda una tribu urbana concurre al gimnasio religiosa y cotidianamente durante varias horas para mitigar la necesidad de verse más bellos. Víctimas de un régimen de premios y castigos, estos fanáticos del gym experimentan una terrible culpa cada vez que no pueden concurrir a lo que consideran una obligación fundamental. Ellos son hombres, mujeres, jóvenes, viejos, lindos y feos que paradójicamente viven el dolor de los músculos cansados como un placer merecido.

El templo sagrado

Como primera medida, para ser un fitness-adicto necesitamos un lugar físico en el cual llevar a cabo esta actividad. Una especie de meca o templo apto para realizar tareas repetitivas, acumulativas y religiosamente rutinarias. Son un abanico de opciones las que hay para elegir, pero debemos tener en cuenta varias cosas: cercanía, variedad horaria, limpieza, profesores, pero por sobre todo ¡buenas instalaciones! Una mínima cantidad de cintas, bicicletas, steps, mancuernas, bancos para abdominales, colchonetas, discos sueltos de distintos kilogramos, y la lista no termina...

Como suele pasar con las religiones, todo se maneja por símbolos dentro de este santuario en el que el dios es el cuerpo perfecto. Un recorrido por cualquier gimnasio nos puede llevar a descubrir muchas semejanzas con la diócesis del barrio. Aquí también, cada espacio tiene un significado distinto.

Forzando nuestra presumida comparación, el atrio sería la recepción, atendida obviamente por una rubia y bonita chica, que nunca verás haciendo ejercicio a la par tuya.

Avanzando hacia el altar -el espejo en el gimnasio- vamos recorriendo las diferentes imágenes del vía crucis. En su lugar, pósters con hombres y mujeres “ideales” se convierten en figuras tortuosas a las que se busca imitar.

Llegamos al altar. Ese bendito espejo que, si no está empañado por las altas temperaturas, nos devuelve una imagen que ¡no queremos ver! Entonces acudimos al confesionario, que en este caso no es un habitáculo de madera con alguien que escucha nuestros pecados, sino una larga y flaca balanza que nos lleva a enfrentarnos con el problema.

Los fieles

Dentro de este templo podemos encontrar distintos tipos de fieles que acuden a cumplir religiosamente con su rutina de todos los santos días.

Comencemos por la clásica chica linda de gimnasio. Este ejemplar se caracteriza por ir, por lo menos, todos los días a dos clases, vestir calzas ajustadas que marquen sus glúteos trabajados y, fundamental, tener el pelo rubio. Charlan con todo el mundo, son populares, envidiadas por sus compañeras y deseadas por sus compañeros.

PARA CONOCER MAS SOBRE ESTOS PERSONAJES DEL GYM, BUSCA LA SECCION TRIBUS URBANAS EN EL PLANETA URBANO DE AGOSTO.