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Entusiasmados por el efecto de unas copas de más, nos propusimos encontrar el origen de un ritual universal. Llega diciembre y con él la fiebre del brindis se vive a toda hora y en cualquier lugar. Mientras se empiezan a levantar las copas saludando al año que llega, y maldiciendo al que se fue, rastreamos en la historia de la humanidad para desentrañar el origen de una costumbre muy practicada pero poco reflexionada. ¡Salud!
Por Agustina Fernández
Llegan las fiestas y con ellas el vitel thoné, los turrones y el muérdago por todos lados. Se vienen los precios inflados, el furor de las jugueterías y el colapso de los celulares. Pero también llega una costumbre muy practicada pero poco reflexionada: casi como un acto reflejo, a cualquier hora y en cualquier lugar se empiezan a levantar las copas saludando al año que llega y maldiciendo al que se fue. En la oficina, en la casa o en el bar, el festejo parece no ser festejo si no viene de la mano de una botella y algunas copas.
Compleja, como toda búsqueda sobre el origen de algo, el devenir de esta costumbre se pierde por los vericuetos de la historia y dificulta cualquier trabajo de investigación. Pero en El Planeta Urbano no nos echamos atrás a la hora de los desafíos y emprendimos, copa en mano, la complicada tarea.
Para empezar existen diversas y variadas versiones sobre el origen del choque de las copas. Según cuenta una de ellas, la tradición viene de tiempos medievales, después de la caída del imperio romano y la invasión de los pueblos bárbaros, cuando los reyes casaban a sus hijas con príncipes de otros reinos con el objetivo de expandir el suyo. Luego de la ceremonia de casamiento los monarcas daban una fiesta e invitaban al otro rey (padre del novio) a quien ofrecían un vaso de vino con veneno. Con el tiempo la artimaña viajó de copa en copa y de boca en boca y, para evitar la muerte, los reyes visitantes empezaron a chocar su vaso con el del otro para que sus bebidas se mezclaran. Si iba a morir, morirían los dos.
Otra versión acerca del origen de este embriagador ritual como estrategia para escapar a una muerte segura, sostenida por muchos historiadores, cuenta que ya durante el siglo VI a. de C., los griegos tenían por costumbre levantar sus copas ante sus invitados con la finalidad de asegurarles que el vino que iban a consumir no estaba envenenado. El anfitrión levantaba su copa, la mostraba a sus comensales y degustaba el vino en primer lugar a modo de prueba.
Al parecer, el veneno en la copa era un método muy extendido en aquellos tiempos para prosperar en la política o en los negocios mediante la eliminación física de los rivales. Por lo tanto, la costumbre de beber en compañía de alguien era una muestra de compromiso y amistad, sellada con el acto de levantar la copa.
Otra teoría, que también coincide con el origen del brindis en la Antigua Grecia, argumenta que los mismos se realizaban mientras el coro entonaba los himnos en honor a Apolo, dios del sol, y daban paso a la degustación del vino antes de comenzar el festín.
Pero una de las versiones más extendidas dice que la costumbre de chocar las copas es herencia de los romanos, grandes bebedores en sus fiestas, quienes afirmaban que al tomar un trago había que disfrutarlo con todos los sentidos. El olfato, la vista, el tacto y por supuesto el gusto estaban asegurados, pero ¿y el oído? Para eso chocaban las copas provocando el clásico “chin, chin”, música para los oídos de muchos.
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