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Gestar un proyecto independiente nunca fue fácil, aunque esté de moda. Jóvenes creadores que se animaron hace menos de diez años nos cuentan de sus luchas diarias para poder subsistir y crecer en un país donde el rubro cuenta con recursos limitados.
Por Andrea Salgueiro / Fotógrafa: Laura Salinas
Encarar un proyecto como diseñador independiente no es tarea sencilla, sobre todo en la Argentina donde, a pesar de la reciente reactivación que parece favorecer a las firmas consolidadas, la industria continúa con pronóstico reservado. Ante este panorama los “diseñadores independientes”, con su creatividad a cuestas, siguen apostando a generar un entorno más alentador para el rubro.
Camila Milesi, diseñadora y dueña junto con Emiliano Blanco de la marca Kostüme, trabajó durante muchos años para grandes empresas dedicadas al diseño de ropa. Recuerda que cuando decidió independizarse se llevaba el mundo por delante. “Después te das cuenta que todo lo que vos hacías o tenías en mente desarrollar, sin el respaldo financiero cambia...”, dice.
Uno de los primeros problemas es conseguir las materias primas. “Hay escasez tanto de telas como de botones o cierres”, comenta el diseñador Pablo Ramírez. Tampoco hay industriales textiles que apuesten a las propuestas de innovación de texturas porque temen hacer una inversión que los lleve a perder dinero. Milesi es directa: “La demanda de una micro-mini-empresa no es negocio para ellos”.
Esta compleja realidad obliga a los diseñadores a ser creativos utilizando géneros no relacionados directamente con el diseño de ropa, o a reciclar diferentes materiales con el fin de diferenciarse de otras marcas. Valeria Pesqueira, otra joven emprendedora, está acostumbrada a eso: “Uso telas básicas y les doy una vuelta con el tema del diseño. Agrego pespuntes y estampas”.
A esta situación se suma la falta de talleres que hagan producciones a pequeña o mediana escala con calidad en las terminaciones. “Hay talleres muy chiquitos o muy grandes, y estos últimos por lo general trabajan para las grandes marcas”, explica Natacha Paramio, creadora junto con Marina Di Paolo de Paramio Di Paolo.
Pero las adversidades fortalecen los lazos entre los diseñadores. “En general hay mucha solidaridad entre nosotros -confiesa la diseñadora Florencia Fiocca-. A veces nos juntamos para analizar cómo seguimos adelante, nos pasamos datos de lugares donde conviene comprar o de proveedores que te entregan la mercadería más rápido”.
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