Más allá de las Estrellas  


Para competir con la cultura de las grandes cadenas hoteleras sin resignar confort ni exclusividad, llegan a Buenos Aires los hoteles boutique. Un concepto de hotelería basado en lo último del diseño. Para disfrutar como en casa.

Autor: Juan Manuel Cocco

Los hoteles boutique de Palermo Viejo tiraron las estrellas por la ventana. Se adosaron a las ideas magnéticas del visionario empresario Ian Schrager -creador del concepto- y avanzaron con el diseño como estandarte frente a la oferta clonada de los hoteles en cadena. Instalados por lo general en antiguas casonas recicladas y con muy pocas habitaciones, dan batalla desde las grietas de la ciudad con altísimos niveles de atención y precios inigualables.

Socio de Schrager en varios emprendimientos, el prolífico arquitecto francés Philippe Starck ha acogido el concepto boutique y le ha sumado sus revolucionarias ideas de diseño. Amante de la naturaleza y del surrealismo, Starck creó un exprimidor con patas como araña, una quesera con asas como cuernos y un reloj subcutáneo concebido para marcar el tiempo debajo de la epidermis, una idea que le pondría la piel de gallina al mismísimo Salvador Dalí.

En Miami diseñó el Delano, un hotel boutique donde cavó una piscina en la que se puede escuchar música debajo del agua. En Los Angeles, el Mondrian, en el que emplazó titánicas macetas de terracota de tres metros de altura. En Nueva York, el Royalton, donde las bañeras son redondas, y el Paramount, cuyo personal de lobby viste trajes negros de Armani. En Londres fue menos fashion y más poético: en el St. Martins Lane los huéspedes pueden regular el color de la iluminación de acuerdo con el estado de ánimo.

En Buenos Aires Starck diseñó el Faena Hotel+Universe, una idea de boutique que espera convertirse en realidad antes de fin de año. La obra se encuentra en Puerto Madero, dentro de uno de los silos de Bunge y Born, un granero estilo inglés de unos 25 mil metros cuadrados construido en 1902.

En Palermo Viejo, a una escala menor, Che Lulu Guest House y BoBo se sumaron a la
idea extendiendo el concepto de confort a todos los sentidos. Para que los cuartos sean únicos, condición excluyente del estilo boutique, los dueños de estas casonas de principios del siglo veinte libraron a la creatividad de diseñadores locales la suerte de su negocio. El resultado: piezas pop a lo Warhol, op art con vitrofusiones soleadas, periódicos en las cortinas y muchas flores y frutas para que el aire se torne sabroso y la estadía entrañable.

El surrealismo de Che Lulu y la vida de un BoBo en Palermo

“Lulu viste de rojo por fuera... a veces lila, a veces verde... según su luz es femenina... muy femenina... llena de flores”, escribió Vanesa -una huésped de Palma de Mallorca- con birome de tinta azul en el guest book de Che Lulu.

Solo para extranjeros, sus ocho habitaciones que albergan a unos 15 huéspedes fueron remodeladas durante tres meses “para que los invitados tengan el servicio de un hotel cinco estrellas en un guest house”, resume Rodrigo Martín, uno de los cuatro socios. En cada una de ellas, el lenguaje es el de los sueños.