Memoria de los Días


Los balances se imponen hacia fin de año aunque no siempre incluyan los detalles realmente importantes, aquellos que nos ayudan a vivir y sobrevivir. El autor invitado de este número realiza una apretada síntesis de los últimos doce meses que nos permite ver dónde estamos parados y, una vez más, nos lleva a descubrir que son pequeños detalles los que alimentan la esperanza.

Autor: Andrew Graham-Yooll *

*Escritor y periodista. Editor del Buenos Aires Herald y colaborador de Index on censorship, de Londres, La Nación y Página/12 .

Ver a un niño cumplir cuatro años y comenzar a convertirse en persona. Enamorarme a los sesenta. Emborracharme, serenamente, con un buen tinto, con un amigo. Almorzar milanesas y ensalada con el cura de la villa. Despedir a un compañero de trabajo , de la vida . Celebrar la partida de una persona querida que emprende una nueva vida. Traducir a poetas jóvenes argentinos y lograr su publicación en Londres, traducir a poetas ingleses y publicarlos en Buenos Aires. Encuentros... Pérdidas...

Los balances de cada año jamás incluyen estos detalles tan importantes. En cambio los resúmenes de doce meses vistos desde diciembre nos convencen de que el tiempo transcurrido no se perdió, ya que los días que se alejan están llenos de cosas que les sucedieron a otros. Como sociedad, los argentinos hemos pasado del intento colectivo de olvidar casi todo, a tratar de registrar todo.

Según el historiador francés Jacques Revel, en una entrevista en La Nación del 14 de noviembre: “Las sociedades contemporáneas, que tienen medios muy poderosos para archivar el pasado, sueñan con guardar todo, lo cual es tan peligroso como olvidar todo, porque también tenemos necesidad de olvidar.” Según Revel, “Las sociedades antiguas dejaban que el tiempo decidiera lo que hacía falta conservar”.

Este 2004 que se va tuvo dos grandes aniversarios. Uno fue el primer cumpleaños en marzo de la invasión de Irak por tropas estadounidenses y sus treinta naciones aliadas. A su vez marcó el comienzo de una contraofensiva nacionalista que ya demuestra al mundo que, si bien se agradece el derrocamiento de Saddam Hussein, no es bienvenida una prolongada residencia de extranjeros uniformados.

El otro gran aniversario de 2004 también resalta extremos. A comienzos de noviembre se cumplieron 15 años de la demolición del muro que dividía a la ciudad de Berlín desde 1961. Los ciudadanos de la ex República Democrática de Alemania celebraron el fin de una frontera humillante, pero no les atrajo el ingreso del capitalismo salvaje de la ex República Federal de Alemania. En realidad, los que más festejaron la desaparición de una frontera que les dividía hasta el patio fueron las inmobiliarias que se beneficiaron con la construcción en Berlín.

Vivir, ¿para qué?

Es probable que lo más significativo del año que termina sean los beneficios que no vamos a vivir de inmediato, los adelantos científicos. El avance en la investigación para contrarrestar el cáncer, la advertencia de que el sobrepeso y la obesidad son cruciales para la diabetes, y también el progreso en el estudio de enfermedades cardiovasculares han sido elementos que, entre noticias de tragedias, guerras, fracasos económicos y una variedad de crisis, agregan una dosis de optimismo a nuestra existencia. Podemos llegar a vivir mucho más, aunque no sepamos para qué.

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