Patadura  


Quedarse duro como una tabla, con los brazos colgando al costado del cuerpo, no es la mejor forma de impresionar en una pista de baile. Tampoco el ideal de diversión. Aquí las claves para aprovechar el mes de los festejos y empezar a combatir el patadurismo progresivo sin pasar papelones.

Por Diego Abdo

Todos somos malos en algo, pero con el baile casi no hay excepciones.

La mayoría nos indigestamos y sufrimos por igual con solo pensar en el variado menú ofrecido por la noche porteña: pop, dance, brasileña, salsa, latino, merengue, rock...

Resulta extraño que semejante oferta musical no haya logrado que sean cada vez menos los que papeloneen en las pistas. ¿Quién no ha sido testigo de terribles luchas “danzescas” donde dos bailan y se zamarrean los brazos como si la intención fuera arrancárselos de cuajo? ¿Quién no ha sentido vergüenza ajena cuando esas chiquillas siguen el baile agachándose, moviendo las manos junto a sus cuerpecitos, mientras que el tipo, sin más, queda tan inmovilizado como el mismísimo Obelisco?

Bueno, es justamente ahí donde fallamos. Primer error: quedarnos paralizados. Segundo error: mirar y criticar. Por lo general olvidamos la premisa fundamental: el baile debe ser, ante todo, una diversión.

“Hay que sacarse de la cabeza las preocupaciones de las miradas, si no se está más atento a los otros que al baile -dice la profesora de danzas Eva Holc-. Bailar es llevar el ritmo de la música con alguna parte del cuerpo. Si uno está pendiente de otras cosas y baila sin escuchar termina notándose. Es como escuchar desafinar a alguien en el canto”, agrega.

Desafinar en la pista

La ocasión es especial y ya no hay marcha atrás. La interminable continuidad de fiestas de fin de año durante las que una noche hay que bailar flamenco, otra nos convertimos en cariocas y al otro día debemos emular a John Travolta en una fiesta de los ochenta, se presenta como la oportunidad ideal. Pero, ¿estaremos a tiempo? Por lo general no somos muy concientes de el/la patadura que llevamos dentro hasta que nos vemos obligados a salir a la pista. Esta actitud embustera de querer ser grandes rumberos cuando solo bailamos rumba una vez al año trae el inevitable resultado de ser unos bailarines de rumba impresentables.

PARA NO QUEDARTE DURO EN LA PISTA, CONSEGUI EL PLANETA URBANO DE DICIEMBRE