Fumadores en Pipa  


Pasión hecha humo

Hombres muy mayores, enigmáticos y taciturnos, suelen ser las primeras imágenes que surgen al pensar en un grupo de fumadores en pipa, pero los tiempos han cambiado y a los primeros se les sumaron muchos jóvenes y hasta algunas mujeres que comparten un ritual a base de pasión y humo.

Por Martín Feldman / Fotógrafo: Fabio Navoni
Enigmáticos, hedonistas, bon-vivants. Son muchas las palabras con las que el espectador casual los puede describir. Ellos, por su parte, eligen una sola para definir el antiquísimo ritual que los une, y esa palabra es placer.

Un sillón mullido, un buen libro, una bebida espirituosa y música son los compañeros ideales de una ceremonia a la que, quienes la viven, definen como única. Fumar en pipa es para ellos mucho más que la sumatoria de los detalles. La elección del tabaco, de la pipa, del momento y del lugar tienen un solo objetivo: el disfrute de la fumada.

La compañía no es lo de menos. Si bien suelen ser solitarios a la hora de fumar, los pipafumadores se transforman cuando están en grupo; compinches, intercambian tabacos, recuerdan anécdotas y analizan diferentes modelos de pipas como si fueran niños.

Al conversar con ellos resulta evidente que les resulta fascinante hablar de su mundo. Todos tienen buenos modales, son de hablar pausado, y se toman largos tiempos para contestar, que aprovechan para dar profundas pitadas.

“Los napolitanos decían que el que no lo había visto jugar a Maradona no sabía lo que se perdía -dispara Néstor Silva, psicólogo forense de 42 años y tabacotequero del Pipa Club Buenos Aires-. Bueno, para nosotros, el que nunca fumó en pipa tampoco tiene idea de lo que se está perdiendo”.

En el ambiente se respira una mezcla de aromas de los distintos tabacos. Virginia, Cavendish (los saborizados), Latakia y Perique son solo algunas de las decenas de variedades que se pueden conseguir en el mercado. Los humos se entrecruzan, y en la mesa se desparraman objetos que todo cultor de la pipa debe tener: fósforos o encendedor (difícilmente un Bic), variedad de tabacos, y lo que en la jerga se denomina “trío”, atacador, pinche y cucharita, adminículos irremplazables para poder gozar de una buena fumada.

Hábito generalmente asociado por estos días con la cultura gourmet y la buena vida, fumar en pipa es una costumbre originaria de América que según los historiadores data del siglo XVI. Nuestros indios recibieron a Colón, a Pizarro y a los sucesivos visitantes marinos fumando tabaco en unas cánulas largas, sin saber que algunos siglos después serían millones los que los imitarían y miles los modelos de pipas derivados de aquellos rudimentarios objetos.

El club de la buena pipa

Aquí en Buenos Aires desde hace cuatro años que los fanáticos de la pipa lograron establecer un ámbito de encuentro para intercambiar sus experiencias. “Pero terminamos compartiendo muchas cosas más que nuestra pasión por las pipas y los tabacos”, acota Ariel Mullen, un médico anestesiólogo de 49 años y vicepresidente del Pipa Club. La organización, que hoy cuenta con 96 asociados, organiza 2 o 3 torneos anuales de Fumada Lenta, en los que suelen participar hasta 40 fumadores. Esta particular contienda consiste en competir para ver quién demora más tiempo en fumar 3 gramos de tabaco sin que se le apague.

Mullen tiene el segundo récord local con 1 hora, 29 minutos y 30 segundos, apenas a 30 segundos de distancia de la plusmarca argentina, pero muy lejos del recordman mundial, el italiano Claudio Cavichi, que mantuvo su pipa encendida durante ¡¡3 horas y 18 minutos!!

SI QUERES CONOCER MAS A LOS FANÁTICOS DE LA PIPA, LEE EL PLANETA URBANO DE OCTUBRE.