Strippers
Si bien desde “You can leave your hat on” adquirió un toque glamoroso, el striptease siempre fue considerado cosa de puertas adentro o trabajo de almas impuras. Aquí intentamos librarlo de su cruz: los prejuicios.
Por Guchy
Ir sacándose la ropa hasta quedar como Dios nos trajo al mundo o bailar con un caño como compañero arriba de un escenario y delante de varios -o muchísimos- espectadores no solo es una fantasía sexual, también constituye un trabajo rentado. Pero son pocos los que se animan a decirlo con la frente bien alta. Laura Viña se atreve: “Soy stripper porque lo disfruto y me deja mucha más guita de lo que me puede dejar un laburo normal. Además, hoy por hoy quiero laburar con mi cuerpo. Este es el momento”. Simple y pragmática, esta morocha de 22 años baila en un cabaret para mantener a su hija y, porqué no, darle rienda suelta a una fantasía: ser la mujer deseada.
Como el bailarín, el obrero, el deportista o el modelo, el stripper cuenta con su cuerpo para trabajar. Y no solo hace falta ser dueño de un físico privilegiado para inscribirse en la larga lista de trabajadores de este rubro, es fundamental poseer un gran dominio corporal y suma confianza en la propia imagen. ¿El ego por las nubes? Algo de eso.
Sin llegar a ser el oficio más antiguo, el acto de desnudarse con música de fondo y cobrar unos billetes a cambio es, al fin de cuentas, un servicio como cualquiera.¿Qué ciudad no tiene su cabaret, club nocturno o boliche con show de strippers? Según parece el público los reclama.
Y si bien este espectáculo ha tenido en su historia un auditorio mayoritariamente masculino, las mujeres se están animando de a poco a entrar a estos lugares antes prohibidos, a tomar unas copas entre amigas y hasta a arreglárselas para dejarles unos billetitos a los chicos en sus originales slips. ¡Qué tupé! La revolución femenina avanza cual torbellino desenfrenado. Laura Viña nos cuenta qué pasa: “En los boliches cuando sale el stripper las minas le gritan como locas, después salís vos y sos la trola, porque a los tipos los tienen cagando. Entonces miran pero no gritan. Eso no pasa en el cabaret. En el cabaret no sos la trola”. Habrá que sacarse la careta.
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