Sueños de Paz  


Ella es palestina. El, israelí. Se encontraron en el marco de un Laboratorio Internacional de Comunicación para dialogar. Sin olvidar los conflictos ancestrales que los separan nos cuentan como es soñar cuando hay miedo por la propia vida, y cómo intentar convivir cuando la mayoría son diferencias.

Por Luis O. Mansur

El caluroso verano europeo es para ellos un oasis de tranquilidad. Lejos está el histórico y violento conflicto territorial-cultural entre Israel y Palestina que lleva más de 50 años. Mientras Israel continúa construyendo un muro de separación de 600 kilómetros, ellos hacen a un lado los resentimientos y se animan a dar un ejemplo de convivencia, amistad y respeto.

Hala Khoury tiene 20 años y se presenta como “árabe y palestina”. Moshe Horowicz tiene 43 años y dice sentirse “hebreo, israelí y un poco brasileño” (nació en Brasil pero llegó a Israel cuando tenía solo 11 años).

Son dos de los casi 100 participantes de 40 países que conviven durante un mes en el Laboratorio Internacional de la Comunicación en Gemona del Friuli, un pequeño pueblo de montaña al norte de Italia. El encuentro es organizado por la Universidad Católica de Milán y la Universidad de Udine y tiene como objetivo reunir una vez al año a jóvenes de diversas latitudes para que convivan en comunidad.

Hala y Moshe viven en Haifa, una de las ciudades más importantes de Israel, y forman parte de la Al-Liqa´Center, una asociación que tiene por objetivo el acercamiento y la mediación entre los dos pueblos y las dos culturas. Al Liqa´ es una palabra árabe que significa encuentro.

No es fácil hacerlos sentar para hablar de algo que los toca de cerca todos los días en su tierra. Algo que los hace vivir en una “tensión permanente” y que condiciona sus vidas y la de los suyos. Pero cuando acceden, cuentan con pasión sus experiencias, sus anhelos y deseos. Como Moshe, que reconoce que la guerra ya es algo cotidiano paraellos y que eso hace que poco a poco se pierdan los sueños. “Es difícil soñar cuando hay miedo por la propia vida -dice-. Pero no se puede dejar de hacerlo porque la paz abre el camino a otros sueños”.

Hala, por su parte, entiende que es justamente el hecho de vivir en un país en guerra lo que le ha enseñado a no desesperar. Menciona términos como justicia, derecho e igualdad y da ejemplos de las diferencias que hay en el día a día. El último episodio lo vivieron juntos hace poco. En el viaje desde Haifa no tuvieron el mismo trato en el aeropuerto. Mientras Moshe tardó solo unos instantes en pasar por Migraciones, Hala fue demorada dos horas “por ser palestina”, según ella misma dice sin rodeos. Moshe trata de tomarlo con humor, pero Hala no pierde la dureza de su mirada.“En Haifa vivo en un convento de monjas porque los estudiantes palestinos no podemos encontrar alojamiento. Siempre la prioridad la tienen los israelíes”, se queja.

No parecen tener término medio. De la reflexión seria y pensada, pasan a la emoción que emana desde el corazón o a una broma que, casi siempre, es propuesta por Moshe.

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