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Muchas veces bastardeado o vapuleado, el concepto de tendencia tiene una gran injerencia en el diseño actual. Orientado al comportamiento humano, basado en cuestiones más antropológicas que detalles frívolos o caprichosos, ofrece un mapa de ruta único para abrirse paso al futuro.
Autora : Luján Cambariere * / Fotógrafo: Pablo Cersósimo
* Periodista especializada en diseño.
¡Qué compromiso! Escribo sobre “EL” diseño y me piden hablar de esta señora o señorita, vaya uno a saber, que es “LA” tendencia. Caprichosa, tirana, déspota, frívola, tilinga, para muchos. Incomprendida, malinterpretada, para otros.
Con el fin de no herir susceptibilidades, y tampoco ganar enemigos de entrada, empecemos por explicar de qué hablamos cuando hablamos de diseño. Según el diccionario de la Real Academia Española (chat mediante todavía sigue siendo referente para muchos) diseño, del italiano “ disegno”‚ es la concepción original de un objeto u obra destinados a la producción en serie .
El arquitecto Ricardo Blanco, director de la carrera de Diseño Industrial de la Universidad de Buenos Aires tiene una definición propia: “Operación cultural racional hecha por un diseñador”. Mientras que la diseñadora industrial Raquel Ariza, coordinadora del Programa de Diseño del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) nos acerca otra más completa tomada a su vez del ICSID ( International Council of Societies for Industrial Design ): “El diseño es una actividad creativa cuya misión es la de conjugar las propiedades formales de los objetos, procesos y servicios, en ciclos de vida completos. Por propiedades formales no solo deben entenderse las características exteriores, sino en especial las relaciones estructurales que hacen de un objeto una unidad coherente, tanto desde el punto de vista del productor como desde el consumidor. Por lo tanto, el diseño se constituye en el factor central de la humanización innovativa de las tecnologías y un factor crucial en el desarrollo económico y cultural”.
Otros autores aclararan, a su tiempo, que el diseño es una actividad que tiene en cuenta la relación producto-usuario, las posibles prestaciones y, muy importante, la dimensión semántica de los productos. Su significación, carga simbólica, la manera en que será aceptado, percibido y comprendido por los usuarios. Por último, desde una concepción más social, el diseño es una disciplina que permite proyectar productos que tienen como meta mejorar la calidad de vida de las personas.
Ahora bien, según mi vecina (opinión que siempre cuenta) o mejor aún, la vecina de Adrián Lebendiker, director del Centro Metropolitano de Diseño (organización que entre otras cosas tiene la misión de posicionar a Buenos Aires como capital del diseño y de la cultura en Latinoamérica y por tanto de explicar continuamente que es esto del diseño): “Hoy la percepción más generalizada de las personas ajenas al sector es que un diseñador es un profesional que tiene la capacidad de ‘estetizar' objetos, contenidos y productos culturales. Que puede dotar a determinados objetos (silla, ropa, lámpara, auto, celular, computadora, local gastronómico) o información (libro, sitio de Internet, pantalla de TV, etcétera) de cualidades que los convierten en productos ‘bellos' y deseables a partir de la experiencia sensorial (sobre todo visual) que el usuario o consumidor tiene en contacto con ellos”, señala.
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