Variaciones sobre el cuerpo  


En un mes olímpico rebosante de figuras atléticas centramos la atención en el cuerpo. Nuestro único “envase” desde el inicio de los tiempos, lo que nos contiene y nuestro más esencial medio de comunicación. Lo que nos separa del mundo y lo que nos une a él. El cuerpo, en definitiva, no es ni más ni menos que nosotros mismos.

Autor: Alejandro Rozitchner (Especial para El Planeta Urbano) / Fotógrafo: Claudio Divella

El cuerpo es tremendo. Tan concreto que parece cosa, es al mismo tiempo inasible como tema de pensamiento. Además, hay que decirlo, como cosa es raro: está vivo. Veo mis manos escribiendo el artículo y sé que el robot más perfecto sería incapaz de reproducir estos movimientos y sus procesos invisibles. El dinamismo de esta máquina es absoluto, sus metamorfosis transforman la materia en emoción, voluntad e idea. La medicina tiene claro el funcionamiento general del aparato, pero al precio de desalojar a la persona interna. Verlo con tal precisión minuciosa requiere optar por su cosificación total. Yo te arreglo las partes, vos encargate del sentido, le dice el doctor al paciente. Ok, gracias, pero… ¿con la angustia qué hago? Bueno, para ese tema vaya al consultorio de al lado, hay unos tipos que se dedican a eso. ¿Y cómo saben qué hacer, son gente seria? Bueno, dicen que el que sabe es used, pero que le cuesta darse cuenta y que ellos entonces lo ayudan, que le fortalecen el yo. ¿Qué parte del cuerpo es el yo, doctor, es algo de la rodilla? Mire, la verdad no es una parte del cuerpo, me parece, para los médicos en serio todo eso es un poco raro, pero funciona… Bueno, ¿el colesterol me lo trata usted y la culpa me la tratan ellos, entonces? Así es. ¿Le puedo dejar el cuerpo mientras voy al otro consultorio, para ir ganando tiempo? No, quédese, lo puedo necesitar. Ok, pero apúrese que me siento mal y no sé adonde tengo que ir.

Todo el sentido de ser humano está en la complicada observación de uno mismo que se abre al vernos como cuerpo, como si esta cosa sangrante que somos fuera en realidad otro. Al mirarlo ponemos en juego una distancia tal que parece que hubiéramos llegado del cielo y por casualidad hubiéramos devenido carne. Eso es lo que exactamente siente uno a veces, demasiado identificado con su racionalidad. Es que el otro del cuerpo, la conciencia, cree ser un dios cuando en realidad es un… ¿un testigo? No se puede casi hablar del tema, a cada paso hay algo mal planteado. La conciencia no es el otro del cuerpo, es una parte o función suya, pero la confusión proviene de la distinta sustancia en la que existen.

En toda consideración que nos haga hablar de nuestro cuerpo estamos mostrándonos en realidad idealistas, negando el chancho hecho de nuestra esencia intestinal: no somos dos, somos uno. Hablar del cuerpo es buscar la integridad pero también perderla, creando la ficción de una diferencia o una distancia. Es decir, justo en el momento en que parece que nos hubiéramos vuelto capaces de reivindicar la corporeidad postergada lo hacemos de una forma que preserva aun la distancia. No se puede decir “mi cuerpo”, debe decirse “yo”. Esta es la posición básica y correcta, donde el materialismo da a luz su versión más plena. El objetivo no es cuidar nuestro cuerpo, o “ponerlo” -y no me refiero al asunto sexual, sino a la metáfora que señala la involucración de la puesta en juego-, porque no somos otros para manipularlo a él. No hay que poner el cuerpo, el que se pone es uno. Incluso podríamos decir que el cuerpo más pleno es aquel que no se concibe como tal, que supera el momento meramente muscular para volverse una persona entera. No necesariamente para privilegiar el espíritu y engordar hasta la muerte con el pretexto de ser más que un cuerpo, sino para llegar a entender que el mismo que va al gimnasio y logra movilidad vital es el que al hacerlo entrena también otras cualidades y prestaciones de su alma.

PARA LEER EL TEXTO COMPLETO QUE ESTE GRAN FILOSOFO ESCRIBIO ACERCA DEL CUERPO, CONSEGUI EL PLANETA URBANO DE AGOSTO.