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Siguen queriendo más y más
Por: Ramón Zumba y PoLee
Hace unos diez años la escena underground de la norteña ciudad de Monterrey -de donde salieron bandas como Café Tacuba, Molotov, Control Machete y Plastilina Mosh- permitió que Gilberto Cerezo, Ulises Lozano, Carlos Chairez, Omar Gongora y César Pliego hicieran contacto. “Cada uno tenía sus proyectos por separado y esto lo agarramos como un taller de experimentación. Presentábamos lo que hacíamos en vivo, bien ´freestyle´ y sin estructura definida. A fines del ´99, cuando la gente se empezó a interesar en el proyecto, hicimos un demo y lo repartimos”. Así les surgió la oportunidad de tocar en la Latin Alternative Music Conference en New York, donde conocieron a Chris Allison -productor inglés de bandas como Coldplay y The Beta Band-, que les ofreció trabajar con ellos a través de su sello Sonic 360. “Se sentía atraído por proyectos latinos y nos propuso un ´deal´ como de disquera independiente, donde podíamos mantener el control creativo del disco, con la ventaja de lidiar con una disquera grande para la distribución”.
Luego de la favorable recepción que tuvo su primer álbum homónimo, editado en 2001, siguió una agitada gira de promoción que rápidamente los posicionó como una de las bandas más atractivas del momento. Durante esa misma gira concibieron Atlas. “Aprovechamos para componer por medio de herramientas como computadoras o libretas, documentando todo lo que sucedía. Aunque si bien nuestro hilo conductor siempre estuvo en la programación -en el primer disco se nota mucho a través de la reiterada utilización de loops-, ahora se dio un sonido más orgánico, con los instrumentos típicos de una formación rock”. La eclecticidad que manejan en su mezcla de sonidos se refleja en la variedad de escenarios que pisaron: desde recintos pequeños como el circuito estadounidense House of Blues o el mismísimo Voodoo de Las Cañitas, hasta estadios para 50 mil personas y el mítico Red Rocks, en Denver, donde U2 grabó el disco Under a Blood Red Sky.
Una eclecticidad que los llevó a compartir cartel con bandas como Cake y los Flaming Lips -con quienes giraron durante un mes y medio-; INXS y Gloria Gaynor, en un festival en Indonesia; el Buena Vista Social Club, en un festival latino en Europa; o Norah Jones, Beck, Zero 7 y Aimee Mann, en un festival de una radio de Los Angeles. “De alguna u otra manera encajábamos en todos esos lugares” se despacha Ulises -el programador-, que agrega: “Estamos en una época de reinvención y eso es bueno, porque se valora el pasado pero lo escuchamos de una forma diferente. Eso permite experimentar y crear nuevos sonidos. Anteriormente si eras rockero, te tenías que vestir de negro, tener el pelo largo y todo lo demás era contrario. También el lado corporativo influye; ahora se ve la posibilidad de esparcir el espectro musical en cine, televisión o marcas que ayudan a apoyar las giras o el arte. Eso lo veo positivo”.
Para terminar la charla Gil -como le dicen a Gilberto, voz y guitarra de la banda- nos despeja la curiosidad sobre el significado que le dan al nombre que los identifica. “Es algo así como una bola de serpentina... vellos púbicos enrizados que, cuando bajas el calzoncillo, ¡salen en todas direcciones! Pues ésa es la ideología que tenemos de experimentar con la música: escribir sobre todos los temas, buscar todos los sonidos y combinaciones posibles. Siempre llevando las cosas un poquito más allá de lo que está permitido”. Esto es Kinky.
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