| Por
Felipe Viñals
A mediados de los años '70,
un polémico estilo musical
ensanchó los límites
del folklore mexicano. Las letras
de sus canciones ensalzaban el tráfico
de drogas y la lucha guerrillera y
discutían sin pudor la discriminación
hacia los mexicanos ilegales en USA.
Hoy acapara el 70% de las ventas de
artistas latinos en ese país.
"Yo no crucé el borde
/ el borde me cruzó a mí"
Las tubas y guitarras moquean sobre
un fondo de corrido y una voz inane,
la del cantante de Los tigres del
Norte, va completando la estrofa de
la canción "Somos más
americanos" en el reproductor
MP3 de una computadora sulfatada,
enchufada a unos siete mil kilómetros
de distancia de lo que ocurre en la
canción. Que es en la ciudad
de Los Angeles. La ciudad mexicana
más grande después del
D.F. -si hay que creer a un Elijah
Wald, autor de un tomo sin traducción
española llamado Narcocorrido:
un viaje hacia la música de
las drogas, las armas & la guerrilla.
Pero glosemos, vení. Corrido:
"en México, cierto baile
y música que lo acompaña".
Que es propio de la costa oeste mexicana
y que, durante los primeros años
de la Revolución, hablaba sobre
heroicos prófugos de la justicia.
En la década de 1920, el corrido
fue el ritmo oficial del Estado Revolucionario,
porque sus rimas narraban las victorias
de Pancho Villa y los generales rojos.
Tuvieron (y conservan hoy) esa capacidad
tan arcaica de las canciones juglarescas:
sirven como un soporte para esparcir
noticias y crónicas. El narcocorrido
no difiere del corrido tradicional
en su aspecto formal; sigue siendo
música folk, pero ostenta un
trasfondo ideológico mucho
más cercano al rap de los gángsters
neoyorkinos que a las mañanitas
del rey David. Habla de temas que
son de una profunda actualidad para
los inmigrantes hispanos en los Estados
Unidos. Verbigracia. Sobre los costos
que se deben pagar por cruzar el Río
Grande, sobre la falta de oportunidades
para los indocumentados, sobre la
figura cotidiana del dealer de heroína
y marihuana y la del gran empresario
del crimen que importa y exporta narcóticos
(un personaje que ostenta el doble
status de burlar al aparato represivo
del Estado y organizar una industria
exitosa que le reporta millones de
dólares). Lo cierto es que
el corrido, luego de este brusco cambio
temático, despertó nuevamente
a las masas dormidas. Más o
menos como la cumbia villera en la
Argentina, pero mucho antes.
El primer boom del narcocorrido tuvo
lugar en 1972. Ese año se difundió
en todas las radios de la Costa Oeste
una canción compuesta por Los
tigres del Norte llamada Contrabando
y traición. Hablaba sobre una
pareja de traficantes de marihuana
que cruzaban la frontera estadounidense
con éxito, que llegaban a un
pueblo y podían vender la droga,
pero que eran separados por un hecho
trágico, un asesinato, perpetrado
por la novia del protagonista contra
él. Estaba entonada en esa
jerga tan extraña de los mexicanos
(plagada de cocomotes, chingadas y
bueyes) por siete tipos que parecían
sacados del elenco de Cantinflas (en
su etapa más furiosamente decadente,
además). Y en 1978, otra vez
igual: Los Tigres del Norte se iban
al topofthechart con La banda del
carro rojo, la historia de unos traficantes
que luchaban (y ganaban) una pequeña
guerra con la policía fronteriza
para ingresar droga al país.
SI QUERES LEER LA NOTA COMPLETA,
BUSCALA EN EL NUMERO DE AGOSTO DE
EL PLANETA URBANO.
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