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Texto de PoLee / Fotos de David Bloomer
La marca austríaca de bebida
energizante realiza todos los años
en distintas ciudades una Academia
Musical dirigida a DJs y productores
-profesionales y amateurs- de todo
el mundo. En ésta, su sexta
edición, la sede seleccionada
fue Ciudad del Cabo y hasta allá
fuimos para brindarles el siguiente
relato.
Es viernes. Son las 7 de la mañana
y suena el timbre de casa. Es el remís.
En dos horas arranco desde Ezeiza
un periplo con destino a Ciudad del
Cabo, Sudáfrica. Después
de cambiar algunos pesos por rands
-siempre es bueno llegar con algo
de moneda local- me embarco rumbo
a la primera escala: Sao Paulo. Allí
subo a otro avión que se dirige
hacia Johannesburgo, y después
de 9 horas de vuelo hago contacto
con la cultura Sudafricana (en realidad
las intensas miradas que cruzamos
con una hermosa azafata de South African
Airways me hicieron creer que hice
contacto antes...). Un nuevo trasbordo
me sube a un tercer avión que
finalmente me deposita en mi destino
final. Es sábado y en la ciudad
que estreno es casi mediodía.
Un agradable capetonian me lleva en
una combi -volante a la derecha fruto
de su herencia inglesa- hasta el hotel,
y en el trayecto me muestra uno de
los monumentos naturales más
majestuosos que hay en este planeta:
la Table Mountain (o Montaña-Mesa)
es una gigante meseta que protege
la ciudad cual enorme paredón.
En la cima de la meseta, por esos
caprichos de la naturaleza, hay una
nube crónica que no cesa de
cubrir la “mesa” y fue
bautizada, obviamente, “nube-mantel”.
Llego al hotel y luego de un refrescante
baño parto a dar una vuelta
de reconocimiento. Apenas a unas cuadras
se encuentra el moderno complejo turístico
Victoria & Alfred Waterfront,
en la Bahía Table, donde además
de visitar shoppings, museos, restaurantes
y cafés, es posible embarcarse
para visitar la Isla Robben, mítica
captora de los prisioneros del Apartheid
y hogar de Nelson Mandela durante
más de dos décadas.
Camino al centro de la ciudad me cruzo
con una agradable lugareña
que ofrece mostrarme los rincones
más atractivos de la ciudad
(¡qué buena onda tiene
la gente acá!). Ya de noche
regreso al hotel a descansar y prepararme
para el comienzo de la Academia al
día siguiente.
Es domingo al mediodía. Como
en toda gran ciudad, la zona céntrica
es asimilable a un pueblo fantasma.
Llego al edificio situado en el número
32 de la calle Jamieson y en la recepción
ya hay algunas personas chequeando
e-mails y conversando con acentos
de todos lados del mundo. Después
de revisar mi casilla me lanzo a recorrer
el edificio reciclado. En el primer
piso hay varios cuartos devenidos
estudios donde bandejas y mezcladoras
permitirán a los participantes
grabar sus sets y aprovechar los intermedios
de las actividades. En el segundo
piso está la sala de conferencias
donde un gran sillón oficia
de escenario para los disertantes,
y detrás una suerte de altar-cabina
de madera -con bandejas, teclados
y laptops- completa la puesta. Como
anexo, un edificio aledaño
alberga estudios de grabación
y hasta una mini-radioemisora instalada
especialmente para la Academia. La
decoración de los espacios
-incluye lámparas y piezas
artísticas como pinturas, fotografías
e instalaciones- estuvo a cargo del
colectivo local The Trinity Session
(chequeen www.onair.co.za). Aunque
quizás a esta altura les interesa
más saber de qué se
trata esta Academia ¿no? Ok,
empecemos por el principio.
PARA SABER DE QUE SE TRATA ESTA ACADEMIA
Y CONOCER ALGUNAS ANECDOTAS DE LO
QUE ALLI SUCEDE, BUSCA LA NOTA COMPLETA
EN EL PLANETA URBANO DE DICIEMBRE.
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