SEXO: PARA COMERTE MEJOR
 

Por Nina

Dios, un reconocido voyeur, quiso concedernos dos estímulos para que quisiéramos crecer y reproducirnos: uno, de tipo oral y olfativo, es el placer relacionado con el comer; otro asociado al tacto, es el placer del coito. Nuestra especie, omnívora y omnisexuada, encontró en cada cultura la forma de atar los dos placeres que Dios concedió por separado. Existen al menos tres tipos de relaciones entre alimentos y conductas sexuales. Existen alimentos considerados afrodisíacos por su rico contenido en enzimas o sustancias que, en unos casos potencian la fecundidad y en otros el deseo sexual. Luego existen las que remiten a la forma de los órganos sexuales femeninos y masculinos (higos, espárragos, almejas). Y existen finalmente los alimentos que, de ser introducidos en nuestro organismo en formas no orales, pueden mejorar la calidad de los genitales y del sexo.

Cuando los habitantes de la Edad Media querían aderezar su vida sexual, bañaban sus cuerpos en un líquido llamado “Satirión”, obtenido de una especie de orquídea con bulbos semejantes a los testículos humanos. La leyenda cuenta que Hércules, al embeberse en la preparación, desfloró a las 15 hijas de su anfitrión en una sola noche.

El ajo, por ejemplo, era utilizado en la antigüedad por algunos pueblos asiáticos para lograr inocultables erecciones entre los hombres que lo frotaran contra sus miembros. Y en algunos países sus propiedades aún están ligadas a la curación de densidades atípicas y malos olores de los flujos vaginales. Una receta de la abuela que se remonta en el tiempo y el espacio a la lejana Ucrania, invita a la creación de un tampón casero con esta planta. Se trata de envolver un diente de ajo picado en una gasa esterilizada, atar sus extremidades con un hilo, e introducirlo en la vagina durante siete noches. Los poderes curativos del ajo actúan como una especie de óvulo natural, y se encargan de limpiar el cuerpo femenino cada noche más a fondo. Al cabo de dos o tres jornadas, el gusto del vegetal podrá sentirse en el paladar al despertar, lo que significa que el cuerpo se encuentra cada vez más destapado. El sexo oral será un exquisito placer, una adicción para sus practicantes luego del tratamiento.

Los huevos (que simbolizan la vida, poseen abundantes proteínas y vitaminas y son grandes compañeros), son valuados sobre todo por sus yemas, que son reconocidas por aumentar la producción de semen. Por esta razón, los amantes de la antigüedad podían emulsionar sus genitales con un batido de yemas y licores. Las bananas, además de tener una morfología similar a la del órgano masculino, poseen en su cáscara una sustancia alucinógena y estimulante. Una utilización milenaria de esta fruta consiste en retirar cuidadosamente los hilos o filamentos que desprenden de la corteza, dejarlos secar al sol durante dos días y mezclarlos con aceite de oliva. Cuando esta crema atraviese los poros, las secreciones sexuales se purificarán y, según se afirma, desencadenará un proceso de elitización de óvulos y espermatozoides.

También la menta, esa hojita de nada, es una sustancia activadora de la libido. Los romanos le copiaron a los griegos esa costumbre de interactuar sexualmente sobre camas inundadas de hojas de menta con la supuesta finalidad de mantener destapadas las fosas nasales y asegurar un adecuado trabajo cardíaco y respiratorio durante el acto sexual.

¿Cuál podría ser el menú más apropiado para combinar y compartir sexo, comida y placer? A ver... rábanos picantes en tu zona tabú (para más información ver el número 56 de El Planeta Urbano), ajos en la vagina, bananitas por toda tu piel, huevos frescos alrededor del pene. En fin, una inacabable gama de nutrientes con el fin de aumentar la vida íntima sin pasar por los empalagos del paladar. Hay que frotarse más.