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Aceptamos cualquier historia sobre
telos (aventuras o desventuras), con
el requisito excluyente de incluir
en el relato detalles y beneficios
del establecimiento elegido. Todos
sabemos que compartir es importante,
más aún si hablamos
de sexo.
Historia Elegida
Había caído en la trampa
del romance luego de ser un vencedor
recalcitrante en las lides de la conquista
sexual durante más de 5 años
y comenzaba a plantearme seriamente
el problema de la fidelidad. Seis
meses estuve en ese trance cuando
supe que mi actual novia estaba enzarzada
en un furibundo y apasionado asunto
con su profesor de aerobics, Joao
Matto Grosso. Para no quedarme atrás
junté los ahorros de todo un
mes y me escapé de trampa con
una mina que conocí en el Shamrock.
Después de varias cervezas
fuimos al deslumbrante Mirrors, hotel
alojamiento del Pasaje Carabelas.
Como no es muy caro para lo que ofrece
(una habitación por dos horas
sale $50) decidí reservar dos
turnos. No podía creer que
un albergue transitorio tuviera tanto
lujo. Hasta entonces, por motivos
económicos había ido
siempre a hoteles muy poco fashion
(varias veces me crucé en la
recepción con travestis que
parecían soldados de Güemes).
Me sorprendió que ni las sábanas
ni las alfombras tuvieran el olor
característico (olor a perfume
para tapisados de taxi) sino que era
un aroma bastante rico, el que podría
encontrar en el Hotel Alvear, y sin
exagerar eh? Nunca, por ejemplo, había
visto un sillón erótico
tan completo como el que está
en Mirrors, así que fue lo
primero que usé. Me senté
cómodamente y, luego de los
debidos juegos previos de pie y acostado,
me dejé llevar por el ritmo
de las caderas poderosas de mi bella
morocha que comenzaba a gemir, encantada
de Mirrors y de mí. Después
del primer round aprovechamos la ducha
escocesa (cuatro chorros de agua atacando
desde distintos flancos como un arrebato
de la ingeniería del amor)
y entramos en un remolino de lujuria
fugaz y pasajero. El indicador de
tiempo restante me hizo saber que
me quedaban tres largas y deliciosas
horas por delante. "¿Y
si vemos un video?"- pregunté.
"No, mejor hablemos"- recibí
como respuesta. "Escuchame piba,
acá decido yo, estamos?"
- respondí, como un nuevo Arnaldo
André.
Elegí uno de los títulos
que tenía a mi disposición:
"Dick Tracy contra el ejército
de lesbianas". Breve relax. Furtivas
caricias. Comida del minibar. Alucinaciones
con mi novia en tanga. Para ejercitar
una de mis especialidades y no perder
la práctica que gané
luego de años de quehaceres
sexuales, decidí honrar el
pequeño tesoro escondido que
mi compañera tenía entre
las piernas con unos delicados besos
que deberían estar en el top
five del ranking de Mirrors. El favor
me fue devuelto por segunda vez en
la noche para luego dejarme conducir
como una bestia amaestrada hasta el
gigantesco jacuzzi. "Ahora pegame",
le dije y raudamente (como en telepatía
instantánea) golpeó
la puerta el negro invisible infaltable
en cualquier telo y dejó, al
pasar y sin ser visto jamás,
el anhelado látigo de siete
puntas que mis nalgas pedían
a gritos. El implemento fue cargado
a la cuenta sin mayores preámbulos.
El exceso ya desbordaba lo soportable,
necesitaba comer algo. Nuevamente
apareció en la ventana secreta,
previo toc toc y nadie del otro lado,
una completa bandeja de platos fríos.
Ya reconfortado, volví al exceso
hasta quedar agotado. Fuera de ese
templo de la libido, me sentí
agradecido de ser yo y no algún
otro. Orgulloso de mí mismo,
podía afirmar que este había
sido otro éxito en mi prontuario,
otro gol en mi haber, un hotel como
pocos en mi lista interminable de
mediocridades, un punto a favor de
mi exquisito gusto en materia de placeres.
Hotel recomendado
Mirrors: Pasaje Carabelas 3598, Quilmes
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